SOPORTÚJAR

Hacía algún tiempo que escuché hablar de este pueblo y me pareció bastante original: Soportújar ¡el pueblo de las brujas! Así que nos decidimos a ir a visitarlo.

Primero de todo, aviso que NO es un pueblo tranquilo. Era increíble la cantidad de coches y de gente que encontramos al llegar. Es todo lo contrario a las pequeñas aldeas blancas que hemos visitado en alguna ocasión. Es un plan ideal para familias, y es por ello que había sobre todo padres con hijos por todos lados, aunque también personas mayores y muchos moteros.

Como había tantísima gente, tuvimos que aparcar en el parking habilitado en la zona más alta del pueblo, justo donde se encuentra la Era de los Aquelarres. Se supone que aquí se reunían todas las brujas de la Alpujarra y, dada su ubicación, podían salir volando. Además de una pequeña habitación con una bruja dentro, en la era encontramos pequeñas estatuas de temática mágica y unas increíbles vistas.

Tras bajar una cuesta con una pendiente más que importante, llegamos al pueblo en sí. Aviso que en el pueblo hay muchas cuestas, así que id preparados, es mejor dejar los tacones en casa… 😛

No hay planos de calidad que seguir, así que os recomiendo ir recorriendo el pueblo e ir encontrando las figuras. No os será difícil ya que al haber tantos visitantes, encontraréis gente acumulada en los puntos interesantes esperando para hacerse fotos. Eso me agobió un poco, la verdad… De todos modos, cuando cerca hay alguna figura que visitar, han colocado códigos QR con información.

El primer sitio que encontramos fue la casa de Bruja Baba Yaga. Era una anciana milenaria que habitaba en una cabaña de madera la cual se levantaba sobre dos enormes patas de gallina y le permitía moverse de una ubicación a otra sin ningún problema. Justo al lado estaba la fuente del vino. No, no salía vino de ella… 😛 Simplemente tenía temática vitivinícola.

Desde ese punto se podía ver la recreación de la deliciosa casa de Hansel y Gretel, muy original y muy colorida y cerca también los calderos mágicos donde las brujas elaboraban sus pócimas.

Tendréis que desplazaros un poco más para encontrar la Araña Tejedora de Sueños, también conocida como La Viuda Negra de Soportújar. Antiguamente se decía que si una araña caía a una vela y se consumía significaba que una bruja andaba cerca.

El siguiente punto que visitamos fue la Calle Zanjilla, o como ellos dicen: «La calle mágica mas estrecha de España». Tuvimos que esperar un buen rato para poder fotografiar esta calle. En la parte más estrecha mide solo 55 centímetros.

Al lado de la Calle Zanjilla había un bonito mural, y casi enfrente estaba el Pozo de los Deseos, donde todo el mundo quería hacerse una foto tirando una moneda. Nosotros somos unos agarrados y no soltamos nada, ¡jajaja! Y menos, al asomarme al pozo y ver esa cara de bruja que daba tan mal rollo.

Mientras seguíamos callejeando, encontramos carteles que indicaban la dirección para buscar La Serpiente. Así encontramos esta estatua muy curiosa de una serpiente entrando y saliendo de la pared.

Cerca se encontraba la Fuente del Dragón. Según dicen, el agua de Soportújar es es conocida por sus propiedades afrodisíacas y como estimulante de la fertilidad. Eso explicaría por qué salía de esa parte del dragón el agua… Esta estatua me recordó mucho a los dragones de Liubliana.

Otros puntos interesantes que encontramos fueron: una escoba de bruja (aunque escuchamos a una señora preguntar si era una calabaza… 😕 ), la caricatura de Doña Urraca que se mofaba, con toda la razón del mundo, de las terribles cuestas que tiene Soportújar, y un bonito Buda azul (punto de inicio si quieres subir desde el pueblo al centro de meditación O Sel Ling).

Llegamos al extremo del pueblo visitando la Fuente de las Brujas (donde todos los niños, el nuestro incluido) jugaban con el agua de la fuente. Desde aquí había una bonita panorámica.

Vistos estos puntos, salimos del pueblo en busca de las últimas atracciones a visitar.

Primero pasamos por encima del puente del pueblo desde el que teníamos unas bonitas vistas del agua pasando por el Barranco Caliente. Y después, a pie de carretera, vimos la Fuente de los Leones, una de las fuentes más antiguas del pueblo.

El último punto a visitar en la parte más exterior del pueblo, fue la famosa Bruja Baba Yaga. Decían que era una señora con más de mil años, muy alta, con la cara deforme y muy arrugada… y la verdad es que su busto encaja a la perfección con esa descripción, aunque da un poco de miedo. Justo a sus espaldas hay un bonito parque con saltos de agua.

La decoración del pueblo no se restringe sólo a estaturas, sino que también encontramos bonitos murales en algunas de sus casas.

Y a pesar de ser un pueblo muy turístico, no deja de tener ese encanto de pueblo blanco de la Alpujarra con sus típicos soportales. Me recordaba un poco a Pampaneira. Algunos dicen que Soportújar debe su nombre a sus soportales.

Soportújar, en un intento de protegerse contra el COVID, instaló un arco que fumigaba con lejía (o dicho finamente: hipoclorito sódico) a todos los coches que entraban al pueblo.

En cuanto a por qué Soportújar se relaciona con las brujas, se debe a que en el siglo XVI, tras la expulsión de los moriscos, esta zona fue repoblada por colonos procedentes de Galicia que trajeron consigo su cultura pagana y muchas historias de meigas. Al poco tiempo, el resto de los pueblos de la zona comenzaron a apodarlos «los brujos»El apodo ha llegado hasta hoy día, y una gran estrategia de marketing por parte del ayuntamiento ha hecho el resto.

Como sabíamos que este pueblo era muy turístico (y resultó serlo aún más de lo esperado) reservamos para almorzar e hicimos bien porque hubiera sido imposible comer sino. El sitio elegido: Taberna Romero. Ponen tapas con la bebida (aunque más que tapas eran platos). Nos pusieron migas cocinadas con mucho ajo y mini chorizos y paté con biscotes. Para comer pedimos albóndigas en salsa de almendras y carrillada. De postre, tarta de la bruja Laura (que es tarta de queso) y panacota de caramelo (muy muy consistente). Salvo algunos platos más caros como el cordero, la mayoría de los platos tienen un precio razonable. La carta no es muy amplia. Las camareras son amables.

Como anécdota en nuestra cuenta ponía «cabra» en rojo en la parte superior. Al preguntar, nos dijeron que era porque nuestra mesa estaba debajo de la cabeza de una cabra.

Tras visitar el pueblo, nos subimos al coche y visitamos lo último que nos quedaba por ver: la Cueva del Ojo de la Bruja (a unos 500 metros del pueblo). Entrar cuesta 50 céntimos por persona (aviso para todos aquellos que no suelen llevar dinero suelto encima). La decoración por dentro es bastante tétrica.

El peque, aunque sólo tiene dos años y la mayor parte del tiempo fue en el porteador, también disfrutó de este lugar a su manera. Sobre todo con las fuentes y algunas estatuas.

Si os ha gustado la entrada y os ha sido útil para organizar vuestro plan, agradecería mucho vuestra ayuda para el mantenimiento del blog.

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