DÍA 8: WYNWOOD – MIAMI DESIGN DISTRICT – BRICKELL ISLAND

Después de la inyección de antibiótico el peque no tuvo más fiebre. La noche la pasó bien y la mañana aparentemente también, así que cogimos el coche de mi hermana y nos fuimos a visitar Wynwood.
Salimos temprano para estar allí de sobra cuando abrieran el museo a las 11.
Aparcamos en un terraplén con parking. Aquí si dejaba pagar con efectivo o con tarjeta.
Mi hermana nos regaló una tarjeta de débito precargada para usarla, visto que estábamos teniendo problemas, pero justo en este parking no la aceptó y tuvimos que usar la nuestra.
El precio 2$ la hora.
En esta zona está «The salty donuts«, un sitio donde venden Donuts dulces y salados, así que fuimos dando un paseo viendo murales hasta donde se encontraba la tienda.


Os recomiendo que entréis al recinto donde se encuentra la tienda, porque tiene unos murales muy bonitos por dentro.
Compramos 7 donuts de diferentes tipos para llevar a casa de mi hermana y probarlos entre todos.
El precio unos 4’25$ por cada uno.


Pasamos por el coche para soltarlos y ya era la hora de entrar a ver los murales «de exposición».
En su día la entrada a la zona de los murales más conocidos era gratis, ahora cobran 12$ por persona.
Las entradas hay que comprarlas en unos ordenadores, de nuevo, con tarjeta de crédito. Si venís sin tarjeta estáis perdidos en EEUU.

El peque paseó un poco entre algunos murales, hasta que se hartó. La verdad es que eran todos espectaculares.

Los hay de todo tipo y temáticas, pero eso sí, todos super coloridos. Al parecer los van cambiando todos los años, aunque algunos, que se han hecho muy famosos, los mantienen.


Aparte de los murales, hay varias salas con exposiciones de algunas obras.

La visita a esos murales, y las pequeñas exposiciones de su interior, no nos tomó ni una hora.
Son muy bonitos, pero quizás es excesivo cobrar 12$ por verlos , aunque ya estamos hechos a la idea de los excesivos precios de las entradas en EEUU.
Cómo hacía mucho calor y el peque estaba completamente empapado en sudor de ir en el porteador, le cambiamos de ropa y pusimos camino de vuelta.
Aprovechamos para pasar por el hospital y ponerle ya la vacuna de ese día. Como nos dijeron que ese segundo día era solo la inyección y que tardarían menos, les creímos.
La realidad es que llegamos a la 13:00 y salimos de allí más tarde de las 16:30… Total, completa y absoluta desesperación…

A medio día almorzamos en casa de mi hermana tardísimo y obviamente ya solos… Porque las cinco no es hora de almorzar.

Tantísimo retraso en la inyección del peque nos rompió completamente la tarde y tuve que rehacer los planes sobre la marcha. Ya era de noche cuando salimos de casa.

Nos dirigimos primero al Miami Design District. Aunque el camino debía ser menos de media hora, tardamos 45 minutos, lo cual apretó aún más los planes.
Aparcamos en el Museum Garage. Este aparcamiento cuesta solo 3$ por cuatro horas, lo cual, visto lo que es Miami, es una ganga. Lo que pasa es que nosotros estuvimos solo una hora y no lo amortizamos. Como la mayoría de los parking, el pago era con tarjeta. En este caso, al entrar leía la matrícula y es lo que debías poner en la máquina para pagar.
El edificio de aparcamiento por fuera es una pasada y en la última planta tiene un tobogán rosa.

El barrio, lleno de tiendas de super lujo, iluminado de noche, sencillamente me encantó. Dimos una vuelta por algunas calles.

Vimos algunas de las tiendas más famosas.

Y acabamos en la Palm Court.


Hicimos solo un recorrido cuadrado, acabando de nuevo en el aparcamiento, pero creo que vimos lo más destacado. No teníamos mucho tiempo.


De allí fuimos a visitar la isla de Brickell. Cuando llegamos al aparcamiento, amplio, gratuito y al aire libre, ponía que era exclusivo para el colegio y la iglesia. El acceso era libre, pero había carteles avisando de que se lo podía llevar la grúa
Aunque yo sabía que íbamos a estar poco tiempo y eran ya casi las 8 de la tarde… Miguel temía que se lo pudiera llevar la grúa, y yendo con el coche de mi hermana, era mejor evitar complicaciones.
El problema es que, yendo tan mal de tiempo, porque debíamos estar de vuelta en casa para cenar, no teníamos muchas opciones de buscar aparcamiento, así que dejamos el coche en un parking de pago que había justo al lado.
Ese aparcamiento decía que era tarifa plana, y supusimos que para todo el día (más adelante en el viaje nos enteramos de que no). En nuestro caso nos tocó pagar 15$ para menos de una hora, lo que fue un dolor de riñón…
Dejamos el coche, cogimos el ticket, y nos pusimos en marcha. Estábamos muy cerca del puente de acceso a la isla de Brickell.
Apenas tardamos diez minutos en llegar al extremo de la isla. Las vistas de los rascacielos de noche me encantaron y con el modo noche de la cámara de Miguel las fotos eran espectaculares.


Tras las fotos de rigor pusimos camino de vuelta.
Esta máquina de pago iba con ticket y permitía pagar en efectivo y con tarjeta.
El camino de vuelta fue mucho más rápido, 26 minutos, ya que apenas había tráfico.

DÍA 9: SUPERBLUE

ÍNDICE DEL VIAJE

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