RUTA DE LAS FUENTES – VILLANUEVA DE LA CONCEPCIÓN

Provincia: Málaga
Población: Villanueva de la Concepción
Tipo de recorrido: Circular
Recorrido: 7.07 Km
Desnivel acumulado: 189 m
Dificultad: Fácil
Época recomendada: Primavera (Almendros en flor)
Fecha de realización: 14/03/2021

Por fin, después de tres semanas seguidas de nubes, teníamos un día de cielos despejados, lo cual es una alegría cuando se hace senderismo.

Nos fuimos a Villanueva de la Concepción y aparcamos cerca del Bar Oasis donde almorzaríamos después (coordenadas: 36.929888, -4.532944).

Comenzamos a andar y abandonamos la avenida principal cuando vimos el cartel de «Camino Mozárabe de Santiago». Aquí nos tocó andar cuesta arriba por el pueblo hasta que llegamos al cartel «Hagamos juntos el camino» de la colección de mensajes románticos que hay en varias calles y que ya recorrimos cuando visitamos el pueblo en 2015.

Poco después de entrar en este camino, encontramos los primeros almendros que nos irían acompañando durante toda la ruta de forma intermitente. Vimos los árboles en todos los estados: con alguna flor aún, con las flores ya secas, empezando a crear almendras y con las primeras pequeñas almendras verdes. Esta ruta debe ser muy bonita en Febrero.

Los primeros dos kilómetros de ruta discurren por camino asfaltado con desnivel positivo y con más tráfico del que esperaba, así que hay que ir con cuidado.

En todo momento fuimos flanqueados por la mole del Torcal de Antequera a la derecha y las bonitas vistas del valle y de Villanueva de la Concepción a la izquierda.

Pasamos a andar por un camino de tierra y encontramos a la izquierda la primera fuente y la más bonita de todas: la Fuente del Realenguillo. Debe su nombre al cortijo (hoy en día en ruinas) que se encuentra a su lado.

Es curioso que encontramos muchos cortijos abandonados con la construcción de otros completamente nuevos al lado. Supongo que es mucho más económico hacer un nuevo edificio que reconstruir ésos de piedra.

Aproximadamente un kilómetro después llegamos al Cortijo de la Alhaja. Esta parte de la ruta es la más bonita ya que los campos de cultivo estaban muy verdes.

Poco después tenéis que andar con ojo, ya que debéis tomar una salida a la izquierda que os llevará por un campo de olivos. Al principio el camino está bien marcado, pero acaba perdiéndose, por lo que tuvimos que tirar de GPS. Lo bueno es que son poco más de 100 metros.

Cuando nos incorporamos de nuevo al camino de tierra me llamó la atención ver cómo las hileras de olivos estaban separadas por matorrales.

Llegamos a otra fuente sin nombre al lado de un inmenso depósito de heno y un cortijo muy nuevo, como todos, al lado de las ruinas de otro.

Menos de un kilómetro después llegamos a la última de las fuentes. Tiene la alberca más grande de todas y una fuente bien diferenciada: la Fuente Pareja.

Pocos metros después volvimos a caminar por asfalto hasta llegar al coche.

Al ser la ruta de las fuentes, antes de llegar al coche, salimos a ver la que se encuentra en el Parque de Bolívar, y el peque disfrutó de lo lindo con el agua.

En esta ruta hubo varias anécdotas:

Cuando íbamos andando por el campo de olivos encontramos un todoterreno con la rueda completamente pinchada. Miguel se acercó al dueño, que estaba cerca podando un olivo, para avisarle, y él, con esa tranquilidad típica de la gente de pueblo, le dijo que ya lo sabía, que lo acababa de ver pero que cuando terminara de podar los olivos ya lo arreglaría.

Cuando empezamos la ruta, aún en el pueblo, una señora me vio portear al peque y le hizo gracia. En el campo de olivos nos la encontramos de nuevo y se sorprendió de que, siendo tan grande, se quedara tan sumamente dormido en el porteador. Lo hace desde que tenía 3 semanas y sigue haciéndolo con 22 meses.

Encontramos en la última parte de la ruta unas bandas blancas a los lados de los olivos, a modo de vallas. Creemos que seguramente eran las mismas tiras electrificadas que vimos en Montrésor (Francia), así que sed cuidadosos y procurad no tocarlas por si acaso.

Cuando vamos al campo, en alguna ocasión hemos visto lombrices, pero me sorprendió muchísimo ver el tamaño de ésta…

Y ya acabando la ruta vimos un pequeño fuego que había calcinado un buen trozo de vegetación junto a la carretera. Tenía todo el aspecto de ser una colilla tirada desde algún vehículo al pasar… Miguel lo apagó con el agua que llevábamos encima.

Cuando llegamos al coche, dejamos las cosas y fuimos a comer. El sitio elegido: el Bar Oasis.

El lugar tuvo sus luces y sombras. Es un bar de pueblo regentado por el dueño y sus hij@s, todo muy familiar. El problema es que, aún siendo las 13:30, estaban muy saturados de trabajo porque había mucha gente, sobre todo moteros, en la terraza.

Cuando llegamos, nos pusieron una ensalada como entrante de la casa (un detalle que ya casi ningún sitio tiene; yo conozco de esa costumbre porque me la contó mi madre).

La trona que pedimos estaba literalmente asquerosa (porque la habían usado antes y no la habían limpiado); tanto, que aunque la limpiaron delante nuestra, ya no me atreví a sentar al niño allí…

Cuando el dueño vino a tomarnos nota, nos dijo que no podía darnos la carta (supongo que por las medidas COVID), así que nos comentó varios primeros platos (de los que elegimos migas y puchero) y al pedirlos dijo: «Ok, con eso va bien». Miguel le preguntó por los segundos y se los dijo corriendo, pero volvió a insistir en que con eso ya íbamos bien. Miguel odia no poder ver una carta para decidir tranquilamente, así que entre eso y que el tipo parecía que no quería que le pidiéramos más, yo añadí unas berenjenas fritas y no pedimos nada más.

Primero nos trajeron las migas y el puchero (estilo berza). Mi puchero me gustó mucho, pero Miguel decía que sus migas estaban secas (a mí me sabían mucho a ajo). El lomo, el melón y el huevo frito que acompañaban las migas eran muy buenos.

Después de esos dos platos, el camarero nos preguntó si queríamos algo más, pero Miguel ya no quiso ni planteárselo y menos mal, porque cuando nos llegaron las berenjenas… creo que era el plato de berenjenas más grande que he visto en mi vida. Estaban buenas, pero eran demasiadas… Como curiosidad: no podían darnos carta pero el bote de la miel de caña sí lo pasaban de una mesa a otra…

En cuanto a los postres, no tenían de varias cosas, así que pedimos tarta de queso para mí y tarta helada al whisky para Miguel. Los postres eran muy, muy normales.

La siguiente sorpresa fue la cuenta. Se la pedimos y de viva voz nos dijo: 20 €. Nos pareció muy barata, pero tras confirmar el importe, nos dijo que sí y es lo que le dimos. Creo que es el sitio más económico en el que hemos estado nunca.

La ruta es sencilla y apta para toda la familia. En aproximadamente dos horas y media la terminamos. Es recomendable hacerla en primavera que es cuando más bonita está, y si puede ser con los almendros en flor, mejor aún.

Aquí podéis ver el pequeño vídeo resumen de la ruta.

Os recomiendo que leáis las entradas: Consejos para hacer senderismo y Consejos para hacer rutas porteando.

Para ver más fotos, pinchar aquí.

Podéis descargar la ruta pinchando aquí.

Si os ha gustado la entrada y os ha sido útil para organizar vuestro plan, agradecería mucho vuestra ayuda para el mantenimiento del blog.

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