RUTA UMBRÍA DE LAS CONTADORAS – MIRADOR DE POCOPÁN

Provincia: Málaga
Población: Málaga
Tipo de recorrido: Semi-Circular
Recorrido: 7,47 Km
Desnivel acumulado: 294 m
Dificultad: Moderada
Época recomendada: Todas menos verano
Fecha de realización: 08/02/2020

Hoy venimos a los Montes de Málaga a visitar uno de los miradores más míticos del lugar: Pocopán.

Al aparcar el coche (coordenadas: 36.824633, -4.383488) se me acercó un hombre con unos ojos verdes muy bonitos y me preguntó si era Megamineko. Resulta que él es Francisco Gutiérrez, uno de los senderistas malagueños más experimentados de Wikiloc. Yo le sigo desde hace tiempo y me hizo mucha ilusión que se acercara a saludarme, es un hombre encantador. Y casualmente conozco a su perro porque vive cerca de mí, tiene un precioso “lobo” blanco.

Tras charlar un rato, nosotros tomamos el sendero de la Umbría de las Contadoras. Justo del aparcamiento sale el sendero que debemos tomar. En todo momento andamos a la sombra, supongo que de ahí su nombre.

Caminamos por un frondoso bosque de pinos carrascos, encinas y madroños. Pasamos al lado de dos antiguas minas de agua.

Debido a la estacionalidad de las lluvias en Málaga, las personas que poseían lagares en los Montes necesitaban de un suministro  permanente de agua. Por ello crearon estas minas de agua, de origen persa, que consistían en pequeñas galerías horizontales usualmente en lugares donde ya existía previamente un manantial.

Al final del sendero llegamos al mirador Francisco Vázquez Sell. Debe su nombre al ingeniero de montes que fue uno de los responsables de la restauración hidrológica-forestal de la cuenca del río Guadalmedina.

Desde aquí vemos un helipuerto y una balsa de agua, parte de la costa malagueña y Almogía.

Volvemos sobre nuestros pasos, ahora sí para dirigirnos al Pocopán. Quisimos tomar el sendero que nos deja en el campo deportivo del Aula de las Contadoras, pero al llegar al final descubrimos que estaba cerrado con una puerta, cadena y candado, así que tuvimos que deshacer lo andando, volver al coche, y desde allí continuar.

A principios del S. XVIII el propietario de este lagar fue Diego Contador Alba, quién el 1 de octubre de 1708 instituyó un Mayorazgo, donde nombró en primer lugar para su disfrute a la mayor de sus hijas, a la que en él habían de seguir sus demás hermanas.

A partir de entonces, y debido a la ausencia de descendientes varones, fue conocido entre sus vecinos como “el lagar de Las Contadoras”, en referencia a las hijas del Sr. Contador.

Tras regresar al aparcamiento continuamos nuestro camino, pero no hay que tomar el camino del Aula de las Contadoras (de nuevo con una puerta cerrada) sino un camino paralelo.

Aquí tomamos un sendero estrecho que desemboca en uno más amplio. Allí encontramos un inmenso pino tumbado en medio del camino.

Poco a poco vamos girando y el sendero pasa a ser un camino tallado en la piedra, casi en todo momento con desnivel positivo.

El lugar era silencioso y de lo más agradable, a pesar del terreno pedregoso y el desnivel.

Poco a poco seguimos girando y pasamos de caminar por un camino tallado en la montaña y completamente abierto, a un sendero más estrecho por un bosque de encinas y pinos. Esta parte se encuentra en mal estado. Encontramos varios árboles caídos que obligaban a rodearlos y complicaban el avance.

Después de esa parte, el camino, aunque cuesta arriba, era más viable, y pasamos por algunos ejemplares de pinos de lo más curiosos.

Este sendero desembocaba en una pista forestal a los pies de la subida al Mirador del Pocopán. Justo al salir del sendero le dije a Miguel que no se moviera: acababa de ver un zorro y quería fotografiarlo. La estampa era: yo súper concentrada intentando pillarlo bien desde lejos, el niño dormido, y Luna con cara de “por Dios, no te acerques más”.

Miguel, al ver que no huyó al llegar él, se acercó poco a poco para grabarle un vídeo.

Ahora nos tocaba enfrentar 300 metros de subida empinada y pedregosa hasta llegar al Mirador del Pocopán. Por el camino nos encontramos un precioso corderito. Poco a poco, sin prisa, llegamos.

El mirador de Pocopán recibe su nombre de un antiguo caserón hoy derruido. Su curiosa denominación parece estar relacionada con uno de sus primeros propietarios, quien solía decir que su lagar era de “mucho vino y poco pan”, ya que por aquel entonces abundaba el cultivo de la vid por encima del trigo.

La construcción que existe en lo alto del mirador formaba parte de una red de vigilancia forestal contra incendios. El posible peligro se transmitía haciendo sonar unas cornetillas.

Posiblemente porque el día estaba un poco nublado, las vistas me parecieron menos espectaculares de lo que recordaba.

El peque lleva ya un par de semanas que sólo quiere estar de pie, así que cuando despertó en el mirador, quiso disfrutar de las vistas por sí mismo.

Nuestra Luna, que había subido poco a poco como una campeona y se puso muy contenta al llegar, no puso la misma buena cara al enterarse que había que bajar por el mismo lugar.

Cuando ya íbamos a irnos, nos encontramos de nuevo con Francisco Gutiérrez. Él iba con un grupo y obviamente caminaban con más calma. Nos comentó que el zorro que vimos está un poco cojo y que lo están cuidado y alimentando en el Aula de las Contadoras. Por eso, aunque no se nos acercó, tampoco fue muy huidizo.

Ahora nos tocaba enfrentar la bajada y poner camino de vuelta al coche. Lo cierto es que, aunque yo iba con un bastón (conocedora de cómo se encontraba esta parte de la ruta), me resultó bastante complejo descender. Iba con un poco de miedo de resbalar con el peque. Por ello, aconsejo no subir al mirador si porteáis y no tenéis experiencia en la montaña.

El camino de vuelta fue por una pista forestal entre pinos. El terreno era cómodo, pero tuvimos que superar un interesante desnivel durante un buen trecho.

Durante el camino de vuelta veíamos a lo lejos, a nuestra derecha, el Aula de las Contadoras.

El motivo por el que vine a hacer esta ruta justo este fin de semana fue con la intención de disfrutar de algunos almendros en flor, pero… mi gozo en un pozo. Apenas vimos dos ejemplares y apenas tenían flores.

Cuando llegamos al coche estaba completamente nublado y el aire era bastante fresco. Ya no apetecía seguir andando por el campo.

Tardamos dos horas y media en completar toda la ruta. La califico como moderada porque el terreno es bastante pedregoso en varios tramos. Luna estuvo un poco incómoda en el camino por las rocas. La subida al Mirador de Pocopán, aunque a ritmo tranquilo no es muy cansada, sí es un poco difícil según la edad y forma física.

Tras la ruta, fuimos a recuperar fuerzas a un lugar que ya conocemos bien: la Venta Los Montes. Yo pedí puchero de coles (abundante y bueno, como siempre), Miguel pidió codillo de cerdo al horno (que según él estaba bien, pero no era nada del otro mundo, aunque para mí la verdura que llevaba estaba muy buena), y también pedimos unas albóndigas en salsa de almendras (abundantes y buenas). Los postres aquí siempre están buenos, pero sin duda debo recomendar la tarta de manzana con dulce de leche; la tarta de zanahoria también estaba rica. La cuenta no llegó a 31 €.

Os recomiendo leer la entrada: Consejos para hacer senderismo y la entrada Consejos para portear.

Para ver el listado de rutas porteando, pinchar aquí.

Para ver más fotos, pinchar aquí.

Para descargar la ruta, pinchar aquí.

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