OJÉN

Lo más cerca que habíamos estado de este pueblo fue en las rutas que salían del Refugio de Juanar: La Concha y el Picacho de Castillejos, por eso a Miguel le sonaba mucho el nombre de este pueblo.

Como andábamos a la espera de que hiciera suficiente frío como para disfrutar de los colores del otoño, decidí venir a ver este pueblo.

Nosotros aparcamos en la zona alta en plena calle, pero dispone de dos amplios aparcamientos: uno en la zona alta (coordenadas: 36.565464, -4.857789) y otro en la zona baja (coordenadas: 36.563161, -4.857741).

Teníamos el coche aparcado justo al lado, así que el primer punto a visitar fueron las Cuevas Altas. Éstas fueron abrigo de familias en la época neolítica y refugio de ganado recientemente. Se restauraron en 2005 para dejarlas como las vemos hoy.

La Cueva de las Campanas es una pequeña gruta con algunas formaciones rocosas y un insoportable olor a orín. La Cuevas de las Columnas es un precioso mirador al que se accede a través de unas empinadas escaleras.

Tras hacer mil fotos en las cuevas, continuamos visitando el pueblo.

Nuestro objetivo era visitar el Arco de Ojén, pero tras buscarlo como locos, una vecina del pueblo nos contó que lo habían quitado. No sabemos el motivo, la verdad…

Si seguís por Calle La Carrera llegaréis a una inmensa Era. Como se usaba para aventar la mezcla de semillas y paja, se encuentra en un lugar alto. Podemos disfrutar del mar de fondo y comprobamos además que es el final del Vía Crucis que atraviesa el pueblo.

La ruta del Vía Crucis no viene marcada en ningún lugar así que descubrimos su recorrido buscando por las calles. Sale de la Plaza de Andalucía, donde se encuentra la Iglesia, continua por Calle Ojén, Calle Carreras, Calle Granadillos, Calle Portón y vuelta a Calle Carreras, Calle Miró y Calle Murillo hasta llegar a la Era.


El siguiente destino era la Iglesia. Por el camino, descubrimos que el Museo del Vino no solo estaba cerrado, sino que el local donde se encontraba ahora se vende, y de nuevo tuvimos que preguntar a un vecino (vaya mañana llevábamos de sitios inexistentes). Comprobamos además que hay muchos edificios bonitos en este pueblo.

Tuvimos más suerte con la Parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación. Al ser el día de todos los Santos había misa, por lo que, tras finalizar, entramos a verla.

Mezquita en la época árabe, fue reconstruida en 1505 como iglesia y reformada a lo largo del siglo XVIII. De su origen musulmán se conserva el almenar convertido en campanario. De su interior destaca el artesonado de madera de su techo y su colección de imaginería.

En la misma plaza se encuentra la Fuente de Los Chorros. Tal y como decía Miguel, no se curraron mucho el nombre, pero es orgullo para la gente del pueblo y centro social del mismo, puesto que antes todos pasaban por ella para llenar sus cántaros. Data del siglo XIX. Además de la fuente con los chorros hay una bonita fuente alargada.

Pusimos rumbo al Museo del Molino recorriendo sus calles. Me encantan los pueblos blancos de calles estrechas.

Por desgracia, aunque el museo del Molino abre de Lunes a Domingo, no lo hace los días festivos, por lo que hoy se encontraba cerrado. Ser el día de los Santos nos vino bien para ver la iglesia pero no para ver el museo.

Pusimos rumbo al último punto de interés: las Cuevas Bajas. Completamente diferentes a las Cuevas Altas, en este caso caminábamos por debajo de una inmensa mole de roca. Ojo al tamaño de Miguel en la foto. En la puerta había una placa de cerámica con un horario de verano de 10:00 a 21:00. Siendo Noviembre, suponemos que ese horario es válido para todo el año.

Este paseo está lleno de encanto y nos deja de nuevo en la parte alta del pueblo. En apenas hora y media ya habíamos visto todo el pueblo, así que, como queríamos almorzar aquí, aprovechamos para pasear por sus calles.

Ojén es un pueblo de los que me gustan: calles estrechas y blancas, pero además, sus vecinos nos regalan colorido en sus calles cuidando de sus plantas trepadoras.

El sitio donde elegimos comer fue el Restaurante El Túnel. Llegamos muy temprano y casi abrieron para nosotros. Me hizo gracia porque al vernos esperar en la puerta, el encargado le dijo a uno de los camareros “Dales una mesa, que tienen hambre…” 😀

El ser los primeros hizo que pudiéramos comer muy rápido. Obvié por un día mi intolerancia y disfruté de unos deliciosos quesos camembert fritos con mermelada, pedimos carrillada (muy tierna y sabrosa), secreto ibérico (muy bueno también) y de postre, tarta de queso y tocino de cielo. Recomiendo pedir sólo un postre porque son muy grandes.

La comida nos gustó mucho y la cuenta fue muy aceptable para la cantidad y calidad: 39.20 €.

El pueblo me gustó mucho. A pesar de que algunos sitios de interés no pudimos verlos porque estaban cerrados o no existían, el ver las cuevas y pasear por sus calles hace que merezca la pena la visita.

Os dejo con las mascotas que vimos en el pueblo. Me hizo mucha gracia el anciano Pug que bebía de la fuente de los chorros.

El peque estuvo dormido casi todo el tiempo. Hay muchas calles con escaleras y muchas con bastante cuesta, por lo que no recomiendo ir con carrito de bebé.

En esta ocasión Luna sí vino con nosotros.

Podéis ver más fotos aquí.

Os dejo aquí el plano de Ojén.

Visita realizada el 1 de Noviembre de 2019

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