LUCENA

Siendo uno de los pueblos más grandes e importantes de Córdoba, bien merecía tener una entrada en el blog. Tengo intención de que ésta sea sólo la primera parte de la visita, ya que no pudimos ver algunas iglesias por encontrarlas cerradas fuera de su horario, y hay monumentos que únicamente son visitables con cita previa.

Comenzamos la visita por el monumento emblema de Lucena y que se ve desde cinco provincias: el Santuario de la Virgen de Araceli. Nosotros hemos comprobado que se ve desde muchas partes de la provincia de Córdoba y también desde algunos puntos de Málaga.

El camino de subida tiene un desnivel importante, por eso nos sorprendió tanto encontrar un domingo por la mañana a tantísima gente subiendo por la carretera hacia la ermita.

Las vistas desde aquí son muy bonitas a ambos lados del edificio.

El acceso se hace por una entrada que hay en el lateral donde, por cierto, tras unas cortinas se encuentran unos baños para los visitantes. La entrada es gratuita.

Por dentro es pequeña, pero es una auténtica maravilla del barroco, sobre todo su camarín, que por desgracia sólo abre después de la misa dominical de las 11:30, lo justo para que la vean los feligreses, y se cierra.

Tras la visita pusimos rumbo a Lucena pueblo. Nosotros tuvimos suerte para aparcar, pero es muy complicado.

Antes de continuar la visita quisimos disfrutar de parte de la gastronomía del lugar y fuimos a comernos unos churros. En Málaga se les llama “tejeringos”, y en Córdoba se llaman “jeringos”. Son más esponjosos y finos que las porras. Elegimos la Churrería Perrilleja. (Esquina Avenida del Parque y Calle Alhama. Coordenadas: 37.406624, -4.491910)  En este lugar había mucha cola, así nos aseguramos que estarían buenos. ¡Eso sí, ojo porque son inmensos! Estaban muy buenos.

Comiendo los churros por la calle, nos dispusimos a comenzar la visita. El primer lugar a visitar: la Casa de los Mora. La entrada es gratuita.

Es un antiguo convento dominico fundado en 1575 por el obispo de Córdoba, y en 1836 por el decreto de exclaustración pasó a formar parte de los Bienes Nacionales. El edificio, antes de pasar a titularidad municipal, fue fábrica de anises, molino de aceite y bodega.

Había unas charlas sobre las mujeres cuando nosotros fuimos, pero eso no nos impidió poder visitar el edificio. La planta baja tiene varias zonas excavadas para mostrar cómo era originariamente su arquitectura. Parte de esta planta estaba ocupada por las charlas y en el patio central tenían preparado un desayuno para los asistentes.

A Miguel le hizo gracia lo descriptivos que eran los segundos nombres que ponían en los carteles, del tipo: “Cripta – Pudridero” o “Claustro – Deambulatorio”.

La segunda planta albergaba la exposición permanente, donde observamos una gran exposición de artesanía, aunque lo que más nos llamó la atención fue la reproducción y exposición de materiales escolares antiguos.

Continuamos bajado la calle y llegamos a la Iglesia de San Pedro Mártir de Verona y la  Capilla de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Tiene dos accesos, uno directamente a la capilla donde se encuentra el Cristo, y otra a la iglesia.

Aunque se construyó en 1758, el edificio ha sido recientemente restaurado y se nota sobre todo en su bóveda de madera.

Era muy llamativo lo profundo que se encuentra la antigua cripta. Me encantó el diseño moderno de su Vía Crucis y la representación 100 % realista del Papa Juan Pablo II.

Seguimos por la misma calle y entramos en el Palacio de los Condes de Santa Ana. Hoy en día es un Centro de Interpretación de la ciudad. Se construyó en 1720 y destaca en su arquitectura el patio central y su preciosa escalera.

En la planta baja se encuentra una colorida colección de pinturas de Isabel Jurado y Rafael Aguilera.

Cuando subáis a la segunda planta, no olvidéis mirar el techo para admirar su bóveda de yesería post-barroca. En la segunda planta recorreremos la historia del pueblo con restos de la época prehistórica con fósiles, huesos de animales, etc.

En la tercera planta se encuentran utensilios de la época de nuestros abuelos, y también la bóveda que vimos antes desde abajo. Ojo al carrito de bebé.

Nuestro siguiente destino eran iglesias. Íbamos mirando cuál visitar según el horario y estas dos tenían horarios muy restringidos. La primera de ellas, la Iglesia de San Juan de Dios, estaba cerrada a pesar de que según el horario debería estar abierta. La segunda, la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen, sí que estaba abierta. Es un antiguo templo de las Carmelitas Descalzas. Posee una imponente colección de imaginería. En su interior se encontraba un grupo de jóvenes católicos que miraban con curiosidad al peque en el porteador.

Volvimos sobre nuestros pasos y la Calle Condesa Carmen Pizarro nos llevó hasta el Castillo del Moral, actual Museo Arqueológico y Etnológico. Los domingos la visita es gratuita.

El patio del castillo y la zona de los muros no tienen nada reseñable. Lo llamativo está en el interior del edificio.

Allí, en la primera planta, había representaciones del pasado prehistórico del pueblo.
En la siguiente planta salimos a la terraza desde la que había bonitas vistas.

El problema venía en el acceso a esa zona por pasillos estrechos, escaleras de caracol angostas y empinadas, y escaleras de piedra con escalones altísimos. Ése fue el único momento en el que el peque sí me pesó más de la cuenta y vi a personas mayores con serias complicaciones para subir.

Tras la visita del castillo, llegamos a la Plaza Nueva donde aprovechamos los bancos que hay a la sombra para que el peque tomara un poco de pecho. No se había dormido en todo lo que llevábamos de visita y comenzaba a estar un poco inquieto.

Esta plaza está flanqueada por el Ayuntamiento y la Parroquia de San Mateo.

Tras terminar su ración de leche, y aprovechando que ya había terminado la misa, entramos a la Parroquia. Considerada como la Catedral de la Subbética, esta iglesia responde a los cánones artísticos gótico-mudéjares y renacentistas. En este lugar fue donde se encontraba la antigua sinagoga y luego mezquita de la ciudad.

En su interior destaca el retablo mayor manierista, que está elaborado en su parte arquitectónica por Jerónimo Hernández y en su imaginería por Juan Bautista Vázquez el Viejo.

Una vez dentro, una señora muy mayor (que según me contó, era catequista) estuvo durante un buen rato convenciéndome de que debía bautizar al peque, porque sino, no se le van a abrir las puertas del cielo, y que no dejara pasar más tiempo… Fue una conversación curiosa, la verdad.

El edificio era impresionante, aunque lo que me dejó sencillamente asombrada fue la Capilla del Sagrario. Soy una enamorada del estilo Barroco y esta capilla es una obra abanderada del Barroco andaluz. Al ser imposible captar en fotos la magnificencia de la obra, grabé un vídeo. Se escucha a toda la gente saliendo de la misa, y al peque balbuceando… 😀

Nos acercábamos a las 13:00, hora a la que cerraban casi todas las iglesias. Corrimos a ver la Iglesia Madre de Dios, pero justo empezó la misa y me dio fatiga hacer más fotos, así que nos fuimos a la siguiente: la Parroquia de Santo Domingo. Allí estaba acabando la misa, así que esperamos para entrar.

La parroquia de Santo Domingo fue construida en torno a 1730 sobre una ermita dedicada a San Francisco de Paula con motivo de la epidemia de peste de 1680. De su arquitectura destaca su impresionante altar mayor y su cúpula. Su Vía Crucis de pinturas era también muy bonito.

Ya no había nada abierto puesto que eran las 13:30, así que pusimos rumbo al coche pasando por la puerta de algunas otras iglesias sin horario de apertura o ya cerradas.

Lucena merece ser recorrida con calma para fijarse en los numerosos edificios señoriales que posee.

Sorprendentemente, apenas vimos perros y gatos (únicamente un perro). Supongo que sólo en los pueblos pequeños se ven por todos lados a su libre albedrío.

Entrando en tantas iglesias y museos no pudimos venir con Luna. El peque estuvo despierto la mayor parte de la visita, pero aún así se portó muy bien.

El sitio elegido para almorzar fue el Mesón Leo, un lugar especializado en carnes a la brasa.

De entrante pedimos paella (no estaba mal) y gazpacho para Miguel (demasiado denso según me comentó). De principales, secreto y chuletitas de cordero. Los dos platos estaban muy buenos, a Miguel le gustaron especialmente las chuletitas, muy sabrosas y más grandes de lo que las ponen en otros sitios. De postre, pudding de frutas (que sorprendenteme no llevaba fruta) y tarta de queso. Ambos postres estaban buenos. La cuenta un poco alta (45 €) pero toda la comida estaba bien.

Como he  comentado, me gustaría volver de nuevo para poder terminar de ver este pueblo en profundidad.

Podéis descargar el plano de Lucena aquí.

Para ver más fotos, pinchar aquí.

Visita realizada el 27/10/2019

Si os ha gustado la entrada y os ha sido útil para organizar vuestro plan, agradecería mucho vuestra ayuda para el mantenimiento del blog.

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