DÍA 5: TENERIFE (TEIDE, ROQUE CINCHADO, ACANTILADO DE LOS GIGANTES, PLAYA DE PUERTO DE SANTIAGO) – GRAN CANARIA

31 de Enero de 2019

Habíamos ido moviendo planes para dejar la visita al Teide para un día que hiciera buen tiempo, pero hoy ya nos íbamos de Tenerife y no teníamos más opción que ir, fuera como fuera.

Salimos del apartamento con un manto de nubes muy denso. Adolfo, el dueño del piso, nos recomendó varios caminos para subir y nosotros elegimos subir por La Esperanza. El camino, entre un bonito bosque de pinos canarios, no podía ser menos halagüeño: muchas nubes, lluvia y una temperatura de 4 ºC nos acompañaron todo el camino. Pero de repente, salimos de la masa de nubes y las dejamos abajo. Era como entrar en un lugar completamente distinto y soleado.

Poco a poco el Teide comenzó a aparecer en todo su esplendor. Nos fuimos acercando y rodeándolo, viéndolo desde diferentes perspectivas.

Estando embarazada no se puede subir al Teide: se supera mucha altitud en muy poco tiempo y puede sufrirse mal de altura, por lo que no se permite subir a niños pequeños ni a mujeres embarazadas. Me enteré cuando ya teníamos sacados los vuelos, así que ya lo sabía cuando fuimos de viaje. Sólo podríamos disfrutarlo desde abajo y elegimos el sitio mas típico de todos: el Roque Cinchado (coordenadas: 28.223199, -16.630622). Famoso por aparecer en el antiguo billete de 1.000 pesetas, éste es uno de los mejores sitios para disfrutar del Teide. El entorno me recordaba al Gran Cañón del Colorado.

Aunque es grande, no sentí ese asombro al verlo como cuando vimos el Monte Fuji. Según Miguel, se debe a que, aunque la altitud de ambos volcanes es similar (unos 3.700 metros), el diámetro de la base del Teide no es tan ancho como el del Monte Fuji.

Tras hacer todas las fotos de rigor, nos acercamos al Centro de Interpretación que se encontraba a escasos metros, pero estaba cerrado. Justo al lado hay una cafetería en la que, si queréis entrar al baño tendréis que consumir algo allí, o pagar 1 € por usar el WC. Me dio tanta rabia que estuviera el Centro de Interpretación cerrado y el único baño público lo cobraran, que nos fuimos de allí.

La bajada la hicimos por Chío. Aunque nos recomendaron bajar por Vilaflor, nos venía muy mal para llegar al siguiente destino y creo que el camino escogido fue también muy bonito. Era curioso ver cómo iba cambiando el paisaje de rocoso, a una arboleda, un campo de plataneros…

La siguiente parada fue para visitar el Acantilado de los Gigantes (coordenadas: 28.247877, -16.839622). Es muy difícil aparcar aquí, así que paramos un momento para hacer fotos y vídeos del lugar y nos fuimos.

Los acantilados eran mucho más grandes y altos de lo que pensaba y me impresionaron muchísimo.

El siguiente destino era la Cueva de Tancón (coordenadas del aparcamiento: 28.238477, -16.844433).

Por desgracia, al llegar siguiendo las indicaciones que busqué en Internet, encontré el acceso al paseo marítimo y parque infantil cerrados por obras. Intentamos acceder a la cueva desde la playa, hasta que la orografía nos impidió continuar y tuvimos que volver atrás. Aún así, disfrutamos de las playas de Puerto de Santiago y de  sus formaciones de lava y basalto.

Era ya la hora de almorzar. Puerto de Santiago es un pueblo híper-turístico y no encontramos muchas opciones para comer que no fueran las orientadas al turista (con precios también para turistas). Finalmente, tras dar un paseo y escandalizarnos con los precios, elegimos el Restaurante Nino’s II que fue el que más le gustó a Miguel de las opciones disponibles.

Sin duda fue de las peores comidas del viaje, pero no teníamos mucho donde elegir. Pedimos “empanada de espinacas y gambas”, de la cual descubrimos que en ese restaurante (que a pesar de su nombre, estaba regentado por chinos, excepto el camarero…) no tienen ni idea de lo que es una empanada: eran unas espinacas con bechamel al horno (a Miguel no le gustaron nada). Estando en la playa, yo quería pescado, y elegí dorada a la plancha. Miguel, como buen carnívoro, pidió una pata de cordero asada. Mi pescado no estaba mal, pero el cordero de Miguel, aunque bueno de sabor, estaba excesivamente seco (al horno hubiera estado mucho mejor). De postre pedimos crepe de compota de manzana, almendras, nata y helado de vainilla (muy normalito, la verdad). La cuenta, la más alta de todo el viaje: 44.20 €.

Tras el almuerzo, pusimos rumbo al ferry que cogeríamos para ir a Gran Canaria. Disfrutamos de un poco de sol en la playa, pero durante el camino de vuelta estuvo completamente nublado.

Recordé la explicación de Alfredo, el guía de la Cueva del Viento, y durante la vuelta estuve fijándome en el inmenso número de pequeños volcanes que había a ambos lados de la carretera (según Alfredo, hay 321 en toda la isla).

Cogimos el ferry sin problema, ya que venía muy bien indicado, y en esta ocasión íbamos casi solos. Había mucha diferencia entre viajar un domingo y un jueves no festivo, y pudimos ponernos en primera fila. Por desgracia, aunque se veía en todo momento Gran Canaria, un capa de nubes tapaba la isla y no se distinguía nítidamente.

Al llegar a Gran Canaria aún nos esperaba algo menos de una hora de coche hasta llegar al apartamento.

Nos atendieron José Juan y su mujer Mila, una pareja muy agradable que nos hicieron firmar varios papeles y nos recomendaron lugares que ver. El apartamento que elegimos en Gran Canaria, Seaside Apartment, era más pequeño que el de Tenerife, pero tenía una plaza de aparcamiento en el edificio. No tiene ascensor y los vecinos eran bastante ruidosos. El apartamento se componía de dormitorio, baño, y cocina integrada en el salón. El dormitorio daba a un lavadero que tampoco tenía persiana, por lo que el problema de la luz por las mañanas se mantenía, aunque algo menos porque en este caso, la ventana daba a un patio interior.

Una excelente opción para buscar alojamiento de este estilo, que suele ser mucho más acogedor, es a través de la web de Airbnb. Como colaborador de Airbnb, recibiré una bonificación si reservas a través de este enlace, lo que ayudará al mantenimiento de nuestro blog.

Ya era tarde y no teníamos ganas de buscar dónde cenar, por lo que seguimos la recomendación de los dueños del apartamento y fuimos a un pequeño bar muy cercano llamado Ca’ Miguel. Sólo tenían croquetas y chipirones, así que eso fue lo que pedimos. No tenían postres, pero sí unos Maltesers de regalo que nos trajeron con la cuenta. Así que, aprovechando que compré fruta en un supermercado cercano, compré también unas natillas de turrón para el postre (no nos apetecía quedarnos con sabor a chipirones, aunque estaban tiernos y buenos). La cuenta: 15.50 €.

Así dimos por finalizado nuestro quinto día de viaje. La cama era un poco dura, pero estaba tan cansada que pude dormir bien. Al día siguiente nos esperaba un día muy completo.

Para ver más fotos, pinchar aquí.

DÍA 6: GRAN CANARIA (GÁLDAR, CUEVA PINTADA, CENOBIO DE VALERÓN, TILOS DE MOYA, PUERTO DE MOGÁN, DUNAS DE MASPALOMAS)

ÍNDICE DEL VIAJE

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