DÍA 4: TENERIFE (CUEVA DEL VIENTO, ICOD DE LOS VINOS, GIGANTE DE SANTA ÚRSULA, SAN CRISTÓBAL DE LA LAGUNA)

30 de Enero de 2019

Amanecía otro día nublado, frío y ventoso en las «islas privilegiadas».

Tras el desayuno pusimos rumbo a visitar la Cueva del Viento. La visita era guiada y ya la teníamos reservada (visto lo que nos sucedió en la Ruta de Las Vueltas de Taganana, decidimos reservar todo lo que se pudiera con antelación).

Al llegar dejamos todo en el coche, ya que estaba prohibido llevar nada que colgara del cuerpo (riñoneras, bandoleras, mochilas…). Sí se podía llevar la cámara de fotos. Nuestro pase era a las 10:30 y la visita tendría una duración de 2 horas y media. El precio de la entrada me parecía bastante elevado: 20 €.

Nuestro guía se llamaba Alfredo, un hombre de carácter bastante peculiar. Quizás un tanto «agresivo» en la defensa de la Cueva del Viento y las comparaciones con otras cuevas del mundo, pero muy atento y entregado a su trabajo.

Nos explicó cómo se creó la cueva y nos comentó que Tenerife está lleno de volcanes (no sólo el Teide), aunque se les llamen, erróneamente, montañas. Nos animó a fijarnos en la orografía de la isla a partir de ese momento.

Terminada la explicación nos subieron en furgonetas y nos llevaron cerca de la cueva, desde donde dimos un paseo de 10 minutos hasta la propia entrada, mientras Alfredo nos explicaba el entorno. Pudimos ver coladas cordadas de lava (pliegues de lava iguales a los del Bosque Aokigahara, en Japón), nos explicó cómo el lugar por donde caminábamos era un antiguo camino real que tenía la anchura del paso de dos bueyes, y nos hizo sacudirnos los pies en una rejilla justo antes de entrar para no introducir semillas ni otros restos en el interior de la cueva.

La Cueva del Viento era ya conocida por los Guanches hace más de 2.000 años, pues se han encontrado restos de enterramientos en la cavidad, pero hasta el año 1776 no se tiene ninguna referencia de la misma.

La Cueva del Viento es en realidad una serie de tubos volcánicos laberínticos, formados hace 27.000 años en lavas basálticas procedentes de la primera fase eruptiva del volcán Pico Viejo, situado junto al Teide.

Estuvimos recorriendo un tramo de 500 metros de uno de estos tubos.

Vimos uno de los antiguos accesos a la cueva, por donde cayó una señora de avanzada edad hace muchos años, en el final de nuestro recorrido.

Debido al terreno irregular hay que llevar calzado de montaña y se accede con cascos y frontales, que te proporcionan ellos mismos.

Antes de irnos pudimos ver que no estábamos «solos» en la cueva.

La visita estuvo interesante, pero habiendo visto ya tantas cuevas, no nos pareció espectacular; fue más la curiosidad de poder andar por el interior de un tubo formado por lava hace miles de años.

Salimos casi a la hora de almorzar, así que pusimos rumbo a Icod de los Vinos para buscar dónde comer. Yo quería un plato de cuchara calentito para compensar el frío, y terminamos en un bar de barrio con una comida buenísima y muy barata: Restaurante Jorge & Wichy. Pedimos lentejas, potaje de coles (al que se me olvidó hacerle la foto, por eso aparece a la mitad), y pabellón canario (un plato basado en la gastronomía venezolana, con judías, arroz, carne mechada, huevo frito, patatas fritas y plátano frito, que estaba sencillamente de escándalo). De postre, quesillo (flan de queso) y crema de galleta. El precio, insuperable: 20.70 €.

Con el cuerpo de nuevo caliente tras la comida, nos dispusimos a recorrer Icod de los Vinos. El principal atractivo es el conocido como Drago Milenario (aunque en realidad, es centenario). No hace falta acceder al jardín en el que se encuentra (con un precio de 5 €) porque se ve desde la plaza que se ubica justo enfrente. Me sorprendió porque es mucho más grande de lo que pensaba (fijaos en el tamaño de las personas que hay junto al árbol).

Dimos un paseo por el pueblo, pero no nos pareció especialmente interesante.

Empezó a llovernos, así que corrimos al coche rumbo a San Cristóbal de la Laguna.

Ya que el día anterior no pude ver a la Gigante de Santa Úrsula, paramos antes de ir a San Cristóbal de la Laguna para intentar verla de nuevo (coordenadas: 28.430666, -16.490866). Ya me avisó Miguel que no contara con que hubieran acabado de montar las flores de la escultura, por lo que, aunque un poco indignada, no me sorprendí al verlos aún trabajando en ella… Aquí os dejo la mejor foto que pude sacarle, aunque rodeada de escaleras y tubos.

De vuelta al coche para llegar a San Cristóbal de la Laguna. Al principio comencé a fijarme en cada punto del mapa, hasta que vi que eran demasiados y prefería dedicarme  a pasear y disfrutar del pueblo, que es una auténtica preciosidad (podéis descargar aquí el plano).

Recorrimos sus cuatro principales calles: Herradores, Obispo Rey Redondo, Capitán Brotons y San Agustín. Os muestro sólo algunas fotos de sus edificios, pero la cámara me echaba humo de tanto fotografiarlos todos.

Si algo me enamoró fue que en todo momento los edificios guardaban la misma estética, por lo que una tienda de ropa o un supermercado no desentonaban ni rompían con el resto de los edificios.

Otra curiosidad es que creo que es el pueblo ¡con más farmacias por habitante de toda España! ¡Había muchísimas!

No paramos para visitar su catedral, pero sí entramos en la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción (y su característico campanario) que se encontraba abierta y era gratuita.

A pesar de ser un pueblo grande y turístico, no tiene baños públicos, y un barrendero nos dijo que mejor entráramos a una cafetería. En ese momento empezó a llover, así que decidimos entrar en el Boho Café: yo pedí una manzanilla, Miguel un chocolate, y compartimos una tarta de almendras.

Cuando salimos, lejos de mejorar, el tiempo era todavía peor, ya sin apenas luz hacía aún más frío y a la lluvia se unió un viento que impedía mantener el paraguas abierto. Ante esta situación, pusimos rumbo al piso.

Con un tiempo tan malo, no nos apetecía buscar dónde cenar, así que nos acercamos al Carrefour de al lado del piso y compramos unos nuggets de pollo y hummus. Eso, junto a un par de latas de Clipper (refresco canario) de fresa y de manzana, las croquetas del día anterior y el pan que nos sobró a medio día, tostado al horno, compondrían la cena de esa noche, calentitos en el piso.

Al día siguiente visitaríamos los alrededores del Teide. Habíamos estado retrasando este plan a la espera de que el tiempo mejorara, pero no podíamos esperar más. Sólo me quedaba cruzar los dedos…

Para ver más fotos, pinchar aquí.

DÍA 5: TENERIFE (TEIDE, ROQUE CINCHADO, ACANTILADO DE LOS GIGANTES, PLAYA DE PUERTO DE SANTIAGO) – GRAN CANARIA

ÍNDICE DEL VIAJE

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