CARCABUEY

Hoy nos desplazamos a la tierra de Miguel, Córdoba, para visitar uno de sus pueblos.

Llegamos a las 11:30 y comenzando la visita, pasamos al lado del Mercado Municipal. Aunque no son el alimento ideal para mí, no puedo resistirme a comerme aunque sea un churro cuando los huelo. Los de Carcabuey nos lo preparó una señora mayor de un modo muy original: al echar la masa hacía como una trenza retorcida. El resultado: un churro jugoso por dentro y crujiente por fuera. ¡Muy bueno!

Continuamos paseando por el pueblo y visitamos la Iglesia de San Marcos, que se encontraba cerrada; pasamos por la Capilla de la Virgen de las Angustias (con un toldo que protegía la imagen del sol), y por último, la Ermita de Santa Ana (también cerrada).

La oficina de turismo estaba abierta así que entramos, y Mercedes, una chica muy amable, nos explicó qué ver en el pueblo y nos ofreció abrirnos el museo. Como eran más o menos las 12:00, aprovechamos que estaba la iglesia abierta antes de la misa.

No se sabe con certeza el origen de esta construcción, pero pudiera ser que la antigua Iglesia Mayor de Santa María, a la que hacía referencia en su testamento Ruy Díaz de Berrio ya en 1383, se correspondiera con la actual iglesia. Sin embargo, Rafael Osuna Luque, en su “Historia de Carcabuey”, nos dice que aquella “estuvo finalizada hacia mediados del siglo XVI”.

En 1908 sufrió un incendio y muchas de las partes, sobre todo en las que predominaba la madera, como el coro o el retablo mayor, hubieron de ser reconstruidas. Se trata de una construcción de piedra, mampostería y ladrillo, de planta de cruz latina.

Hemos visitado ya muchas iglesias a lo largo de todos los años que existe el blog, e incluso anteriormente. Cuando entro a las iglesias lo hago en silencio, hago las fotos rápidamente y me voy, intentando no molestar a nadie.

Al entrar, había una señora hablando con un hombre, de espaldas a mí. Pasé por su lado sin decirles nada mientras charlaban. Cuando iba a salir, ese hombre se dio la vuelta: era el párroco. Me dijo que cuando se llega a una iglesia lo primero que se debe decir es “Buenos días” (no saludé por no interrumpirles) y pedir permiso para hacer fotos al interior de la iglesia.

En todos los años que tengo jamás me han puesto inconveniente. Me disculpé y me dijo que podía hacerlas sin problema pero que debía preguntar primero. Me dejó bastante cortada, la verdad, así que tras disculparme de nuevo, rápidamente salí del templo.

Volvimos a la oficina de turismo y Mercedes nos acompañó para abrirnos el Museo Histórico de Carcabuey. En él paseamos por la historia de la villa con sus formaciones rocosas, restos prehistóricos y edificios más emblemáticos hoy en día.

Mercedes nos contó que Carcabuey es una tierra rica en membrillos (el 75 % de los membrillos con los que las fábricas de Puente Genil elaboran su carne de membrillo procede de estas tierras) y olivos (varios de los premios que ha obtenido la denominación de origen “Priego de Córdoba” provienen en realidad de las aceitunas y almazaras de Carcabuey). Nos habló también de un producto único allí: el zumo de membrillo, que está elaborado de forma 100% natural, sin azúcar ni conservantes.

Eran las 13:00, así que Mercedes nos recomendó, ya que el sol estaba muy alto, que subiéramos a la Ermita del Calvario aprovechando la sombra de las encinas. El camino es más corto de lo que pensaba y realmente bonito. Hay varias bifurcaciones, pero todos los caminos llevan al mismo lugar, sólo se diferencian en el desnivel.

Se recorre un Vía Crucis con sus 14 estaciones con columnas y una cruz (aparentemente todas iguales entre sí), y al llegar a la ermita, que está cerrada, obtenemos una preciosa panorámica de Carcabuey, la Parroquia de la Asunción y el Castillo.

Vista la Ermita, pusimos rumbo a almorzar. El lugar elegido: Mesón Rural Abrasador la Ronda. Vinimos aquí porque queríamos gastar una caja regalo de Dakotabox que me regaló mi padre. Incluía: lacón ibérico con pimentón dulce y aceite de oliva, torre de  pimientos del piquillo con trocina de añoja, y churrasco magro de ternera añoja. Todo estaba sencillamente exquisito. Nosotros añadimos una tapa de lagartillo ibérico con huevo de codorniz, chips de verduras y crujiente de bacon. Y de postre, flan de higo y tarta de queso. Comimos muy bien y el dueño fue sumamente amable con nosotros. Son especialistas en carne y se nota, ya que toda la carne, incluso la ternera que suele ser más dura, estaba en su punto.

La mar de satisfechos con el almuerzo, procedimos a bajar la comida subiendo al castillo. La subida es intensa pero tiene muchos bancos donde pararse a descansar en caso de ser necesario.

Al llegar a la parte alta, entramos  la Ermita de la Virgen del Castillo: un edificio barroco que sufrió un terremoto en 1951 y fue restaurado por sus vecinos.

No se puede acceder al interior del castillo ya que únicamente hay ruinas y no está adaptado para las visitas. Desde el mirador podemos ver a lo lejos la cumbre de La Tiñosa y unas bonitas panorámicas del pueblo.

Mercedes nos recomendó pasear por la zona del pueblo a la que se accede por la calle Garvin (justo a la bajada del castillo) por ser la zona más antigua del pueblo y tener muchas macetas. Me esperaba un barrio algo más cargado de plantas. Salimos a la Fuente del Pilar, donde pusimos fin a la visita del pueblo.

De vuelta al coche, tras el calor pasado en la subida al castillo, me apetecía algo fresquito. Decidimos entrar en la Cafetería La Oca para probar unos polos que publicitaban en su puerta. El precio: 0.80 €. El mío de leche merengada, y el de Miguel de limón. ¡Sencillamente BUENÍSIMOS!

Como Mercedes nos habló del zumo de membrillo, nos quedamos con ganas de probarlo. Se compra a las afueras del pueblo en la Tienda Almazaras de la Subbética. Está muy bueno, un pelín ácido, pero frío entra estupendamente. Es muy sano y tiene mucho hierro.

Como siempre, os recomiendo pasear por el pueblo para disfrutar de sus edificios y calles.

Os dejo con las mascotas que vimos y fotos de nuestra Luna, que lo pasó en grande. En este pueblo fueron muy amables con ella: en el museo dejaron que estuviera en el suelo, en la Cafetería La Oca también la dejaron entrar, y todos le decían algo al verla.

Como curiosidad del pueblo, está demostrado que el origen del mismo fue Ipolcobulcula, una ciudad romana vinculada a la ciudad de Ipolca (Obulco). Más tarde, en época árabe, los muladíes pasaron a llamarla Karkabuliya / Karkabul. Son las crónicas cristianas quienes denominan al pueblo como Carcabue o Carcaboy, de donde procede su nombre actual. De ahí que sea llamativo que el gentilicio de los habitantes de Carcabuey sea “alcobitenses”. Según leí, se debe a la creencia de que Carcabuey perteneció a la ciudad romana de Alcobitas, lo cual no tiene fundamento histórico. Os podéis leer este interesante artículo al respecto.

Para ver más fotos, pinchar aquí.

Podéis descargar un plano de Carcabuey aquí.

Visita realizada el 10 de Marzo de 2019

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4 comentarios en “CARCABUEY

  1. ¡Qué interesante Carcabuey! Solo conocía el nombre de oídas. A mí también me encantan los churros jaja. Muy bonitas las vistas y los polos tienen que estar buenísimos (me encanta también la leche merengada). ¡Gracias!

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  2. Muchísimas gracias por tu artículo en el blog, encantados siempre de recibir a todo el mundo y enseñarles nuestro pintoresco y bonito pueblo. Un abrazo y hasta la próxima!! Mercedes Técnica de turismo.

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