DÍA 3: TENERIFE (PUERTO DE LA CRUZ, CHARCO DE LA LAJA, HORNO DE CAL, ALIMOCHE, CHARCO DE LOS CHOCHOS, MIRADOR DEL FRAILE, FARO DE TENO)

29 de Enero de 2019

Después de la paliza del día anterior, hoy los kilómetros los haría el coche y no yo. Íbamos a recorrer el norte de la isla visitando los puntos más llamativos.

Un día más el tiempo no acompañaba: nublado, lloviznando y con mucho viento. Parecía que estábamos en Galicia, más que en las Islas Canarias.

Cogimos el coche y fuimos a visitar la Gigante de Santa Úrsula. Por desgracia, al llegar allí había jardineros poniéndole flores. Nos fuimos y decidí probar suerte al día siguiente.

Continuamos la ruta en el Puerto de la Cruz. Lo que vimos en el coche no diferenciaba a este pueblo de un Torremolinos cualquiera (un pueblo orientado al turismo lleno de tiendas de souvenirs y cafeterías). Menos mal que lo que visitamos fue distinto.

Recorrimos varias de sus calles haciendo la ruta de los murales llamada Street Art  (descargar el plano aquí). Está planteado igual que el Soho en Málaga.

El plano no lo tienen actualizado, por lo que vimos algunos murales más que no aparecían en el plano.

Nos animamos a probar unos churros en la Churrería Perdomo (y de paso entrar al baño). Descubrí que los churros de Tenerife son como las porras de Málaga pero mil veces más densos y más caros: 4 churros por 1.50 €.

Comí sólo uno y parecía que había tomado un pan de lembas entero.

Más tarde descubrimos que muy cerca había unos baños públicos.

Después paseamos alrededor de la Playa del Muelle y la Batería de Santa Bárbara.

Mientras recorríamos los murales descubrimos otros encantos de este pueblo, como sus balcones de madera o sus casas de colores.

Tras la visita, pusimos rumbo al siguiente destino: el Charco de la Laja (coordenadas: 28.395577, -16.651500).

En verano es una piscina natural, pero en invierno y con ese viento era una atracción turística y poco más. Fue formado por los restos de las erupciones volcánicas y en todo el entorno se puede observar las caprichosas formas que creó la lava. Os dejo unas fotos retocadas de cómo se vería un día más o menos bueno.

Aunque podéis ver en el vídeo que el día estaba nublado y oscuro.

Miguel se enfadó porque, tras mucho rato grabando a pie de la charca y en vista que las olas no daban para más, decidimos irnos. Mientras subíamos las escaleras al marcharnos de allí, el mar se embraveció y comenzaron a entrar olas muy fuertes. Parecía que esperaba a que nadie lo grabara. Miguel pudo grabar el final.

Ya era la hora de comer. Como siempre, buscamos en Google Maps y me decidí por un restaurante de pueblo llamado El Frenazo. Fue una fantástica elección. Pedimos: garbanzas (que es otro plato de garbanzos típico de Canarias), costillar asado (mucho más grande de lo que parece en la foto) y croquetas de pescado. De postre, quesillo (flan de queso típico canario) y flan de gofio (aún más canario, el gofio es una especie de harina de cereales). No pudimos acabar tal barbaridad de comida y decidimos pedir las croquetas para llevar. Todo muy bueno, casero y abundante. La cuenta muy barata para la cantidad de comida: 23.60 €.

Hartos de comer, pusimos rumbo al siguiente destino (coordenadas: 28.379077, -16.813522). Allí vimos varias cosas: un antiguo horno de cal, una escultura de un alimoche realizada con materiales reciclados (me hizo mucha gracia que Miguel supiera perfectamente qué tipo de ave era), la réplica del esqueleto de una ballena hembra y el Charco de los Chochos. Este charco debe su nombre a que antiguamente los campesinos de toda la comarca llegaban hasta allí para poner en remojo los altramuces, que popularmente son conocidos como chochos, y así quitarles el amargor.

Estuvimos poco tiempo allí porque el aire era frío y cortante. El siguiente punto a visitar fue la Cueva de El Rayo (coordenadas: 28.392122, -16.832488).

Es una inmensa abertura con varias teorías sobre su origen: por el derrumbe de una cueva ya existente o el  fruto de la erosión generada por el viento sobre la roca. Debe su nombre a otra teoría sobre su origen, y es la creencia de que se formó por un rayo un día de tormenta. No es sencillo llegar hasta ella y creo que habría sido imposible sin el GPS.

Pusimos rumbo al Faro de Teno, uno de los lugares más bonitos de Tenerife. Por el camino vimos inmensas fincas de plataneros y enormes acantilados de lava. Un día soleado debe ser espectacular.

Por el camino paramos en el Mirador Punta del Fraile (coordenadas: 28.366755, -16.884466). Apenas hay hueco para parar un coche, así que si está ocupado os será difícil poder verlo.

El viento aquí directamente me empujaba y me hizo perder el equilibrio en varias ocasiones. Os aseguro que las vistas eran mucho más bonitas de lo que el vídeo (con tanta nube y viento) logra captar.

El último punto a visitar en el día fue el Faro de la Punta de Teno (coordenadas: 28.342633, -16.920455). La carretera para llegar aquí no siempre está abierta al tráfico de vehículos privados, que normalmente sólo pueden acceder libremente los lunes, martes y miércoles (no festivos), y el resto de la semana tienen el horario restringido la mayor parte del día; por tanto, os recomiendo consultar qué días de la semana y a qué horas está restringido el tráfico.

Tuvimos algo de suerte y el sol apareció un poco entre las nubes para ofrecernos un bonito atardecer y disfrutar de esta zona.

El faro en sí no es visitable y no puedes acercarte a menos de 100 metros porque tiene una cancela.

Los días despejados se puede ver la isla de La Gomera desde aquí. Nosotros la vimos oculta bajo un manto de nubes (fijaos en la segunda foto).

Ya a las 19:00 no había luz, así que pusimos rumbo de vuelta. Habíamos estado todo el día con el coche y nos separaban casi 2 horas de nuestro piso.

Yo no tenía mucha hambre (seguía saturada por el almuerzo) y me apetecía tapear, así que buscamos un sitio de camino al piso. Paramos de nuevo en el Puerto de la Cruz donde leímos en Google Maps sobre una tapería con muy buenas críticas. El lugar se llamaba Restaurante el Camino. Cada tapa costaba 4.50 €, pero si pedías el mix de tapas para dos personas, te entraban todas por 21.50 €. Visto lo visto, nos convenía. Lo que yo no sabía es que vendrían 10 tapas bastante abundantes (no me salió bien la idea de cena ligera de tapeo). Incluía: albóndigas con tomate, champiñones, tortilla de patatas, fabes, pollo, patatas gajo, calamares, ensaladilla rusa, arroz con pasas y verdura mixta.

Con el postre vino la anécdota del viaje con el acento canario. Los isleños pronuncian todo con “s” en vez de con “c” o “z”. Como íbamos apuntando todo lo que pedíamos de comida, cuando nos dijo que de postre tenía “Lasso”, un dulce de hojaldre y yema, Miguel le preguntó de nuevo como se decía para escribirlo. El camarero le respondió “Lasso”, y Miguel, inocente de él y dado que no conocía el postre, le preguntó: “¿Con una “s” o con dos?” La cara del camarero fue mítica cuando le respondió: “Eh… con seta…” (con zeta). Yo me aguanté la risa porque no pensara el chaval que me reía de él, pero la vergüenza que pasamos fue cómica… 😀

Tras la cena pusimos rumbo al piso. Había sido un día muy frío y apetecía una buena ducha de agua caliente y descanso.

Para ver más fotos, pinchar aquí.

DÍA 4: TENERIFE (CUEVA DEL VIENTO, ICOD DE LOS VINOS, GIGANTE DE SANTA ÚRSULA, SAN CRISTÓBAL DE LA LAGUNA)

ÍNDICE DEL VIAJE

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