DÍA 6: GRAN CANARIA (GÁLDAR, CUEVA PINTADA, CENOBIO DE VALERÓN, TILOS DE MOYA, PUERTO DE MOGÁN, DUNAS DE MASPALOMAS)

01 de Febrero de 2019

Comenzamos nuestro sexto día de viaje. Hoy sería un día bastante completo. Como siempre, nos levantamos con el cielo completamente cubierto y frío; un tiempo que siempre te venden de las islas, por supuesto…

Nos esperaban 40 minutos en coche hasta Gáldar: ese pueblo que ya se muestra encantador desde la carretera, enganchado a la falda de un volcán. Es muy complicado dejar el coche puesto que no dispone de aparcamientos, así que sólo nos quedó callejear.

Lo primero que hicimos fue ir al Museo de la Cueva Pintada. Teníamos el pase ya sacado para las 10:00 de la mañana. Aunque nuestra entrada no lo incluía, hicimos la visita guiada junto a una familia de Lanzarote. La guía nos fue explicando los orígenes de Gran Canaria y cómo sus primeros habitantes procedían de un pueblo africano bereber, quienes trajeron semillas y animales para instalarse en la isla.

Nos proyectaron un vídeo en 3D sobre el último Guanarteme (Rey) de la isla y cómo su pueblo fue asesinado o esclavizado por el ejército de los Reyes Católicos. La última Princesa de la tribu, llamada Arminda, fue llevada a la península y obligada a casarse con un castellano, y le cambiaron su nombre a Catalina. Ella era quien narraba la historia.

Pudimos observar a lo largo de las vitrinas diversos restos arqueológicos de la época, tallas y pintaderas (sellos que representaban a cada familia).

Pasamos a otra sala donde nos hablaron de cómo descubrieron los restos del poblado que veríamos más adelante.

La segunda parte de la visita discurría por los restos hallados de ese antiguo poblado, muy grande, por cierto. Estaba compuesto por más de 50 casas y y cuevas artificiales y hoy en día podemos ver una reproducción de cómo eran por dentro.

En una sala climatizada y a oscuras se encuentra la joya del museo: unas pinturas con motivos geométricos, manifestación de la pintura mural prehispánica. Se mide en todo momento la humedad y temperatura del lugar por motivos de conservación, dado que sólo se puede observar hoy una parte de lo que realmente se encontró en su día.

Todavía no saben con certeza qué significaban esas pinturas, y se piensa que eran calendarios lunares relacionados con «ritos».

Tras la visita al museo, aprovechamos para dar un paseo por el casco histórico de Gáldar. Era muy bonito y con una estética similar a San Cristóbal de la Laguna.

Volvimos al coche para visitar el Cenobio de Valerón (coordenadas: 28.138877, -15.603688). El precio es de 3 € por persona.

Debe su nombre a que en el siglo XIX Sabino Berthelot visitó este yacimiento y afirmó que se trataba de un cenobio o convento de las harimaguadas (sacerdotisas de los antiguos canarios). Sin embargo, en el siglo XX desecharon esta idea, identificándolo simplemente como un granero colectivo de trigo y cebada. La mayor parte era grano pagado como impuesto o tributo.

Parando a leer todos los carteles y tomándolo con mucha calma, no se tarda más de media hora en visitarlo. Este lugar posee baños, pero debes pedir la llave al comprar la entrada en la taquilla, y no se encuentran cerca la oficina de tickets y los aseos.

Pusimos rumbo a los Tilos. Como la ruta sería corta y sencilla, decidimos almorzar temprano y tranquilos, y después hacer la ruta. Del Cenobio hasta allí había media hora de carretera de curvas estrechas recorriendo varios diseminados (pequeñas agrupaciones de viviendas).

El lugar elegido para almorzar fue el Restaurante Grill Los Tilos. Almorzamos de lujo. Pedimos garbanzas y fabes, pero al ver el tamaño del plato de garbanzas y ya que nos dijeron que las fabes tardarían 15 minutos, anulamos ese plato. Aún nos quedaba por llegar el costillar de cerdo con salsa de miel y papas arrugadas… ¡podíamos estallar! Las garbanzas estaban muy buenas y cremosas, pero el costillar estaba sencillamente delicioso. Como habíamos quitado un plato, para compensar pedimos dos postres: flan de huevo casero y la mejor tarta de zanahoria que he probado nunca. Pedimos pan normal y pan con ajo para Miguel, ambos calientes y muy buenos. Miguel dice que el mojo picón era el mejor que había probado hasta el momento. La cuenta: 28 €.

La mar de satisfechos con la comida, comenzamos la ruta de los Tilos de Moya, cuyo inicio se encontraba a escasos metros.

Esta ruta discurre por un bosque de laurisilva, y al contrario que la Ruta de Las Vueltas de Taganana, ésta era muy sencilla, aunque hay que admitir que no tan espectacular como la otra. Tuvimos suerte y durante un rato nos salió el sol entre las nubes.

Ver entrada: Ruta Tilos de Moya.

No eran aún ni las cuatro de la tarde y teníamos que decidir que hacer: si ir directamente a ver las dunas de Maspalomas o pasar antes por el Puerto de Mogán. Miguel decidió que nos daba tiempo, así que pusimos rumbo al puerto, que se encontraba a una hora y veinte minutos.

En el Puerto de Mogán no queda más remedio que pagar por aparcar, pero la zona azul no es muy cara: 50 céntimos por una hora (coordenadas: 27.818230, -15.765287).

Había leído muchas críticas positivas sobre este lugar, e incluso José Juan, el dueño del apartamento, nos lo recomendó. Sin embargo, me pareció un lugar artificial: muchas casas blancas bonitas con filos de colores, pero únicamente lugar de hospedaje de turistas. Nada había del encanto que encontré por ejemplo en la Isla de Burano. Leí que la llamaban la Venecia de Canarias, pero me parece sumamente pretencioso llamar así a un lugar con dos canales y tres arcos… Os aviso que las fotos no hacen en este caso justicia al lugar, puesto que, aunque a lo lejos se veía despejado, estábamos bajo un inmenso manto de nubes negras que oscurecía todo. Os dejo las fotos retocadas de como se vería un día bueno.

Tras dar un paseo por la zona, y cuando ya nos íbamos, vi que en la zona alta del pueblo había un mirador. Aviso que la subida es bastante intensa, pero sin duda merece la pena. No sé cuantos escalones había pero eran muchos, aunque el camino se amenizaba con los numerosos gatos cariñosos que rondaban el lugar (por cierto, había una hucha para quien quisiera colaborar con su manutención).

Al llegar al mirador había una increíble panorámica del puerto. En el vídeo sí podéis comprobar lo oscura que estaba la tarde.

En media hora estábamos de vuelta en el coche y camino a las dunas de Maspalomas.

Quería verlas al atardecer y el sol se iría pronto. Contábamos con que las nubes estaban altas, pero a lo lejos estaba despejado, por lo que se suponía que iluminaría las dunas como yo quería. Aparcamos relativamente cerca (coordenadas: 27.747977, -15.578033). Existe un centro de interpretación de las Dunas pero descubrimos que sólo abren por la mañana.

Cuando llegamos, aquello era una feria de gente.

Estuvimos andando siguiendo huellas de otras personas hasta hacer las fotos que yo quería (ya me dedicaría en casa a borrar a desconocidos, pero que al menos salieran lejos para facilitarme el trabajo).

Llegué justo con la luz del sol que yo quería, pero nos duró menos de lo que me hubiera gustado.

Creo que para disfrutarlas bien es mejor ir al amanecer, ya que al atardecer (a pesar de ser un día feo de invierno) estaban hasta arriba de gente y con las dunas completamente pisoteadas.

A las 7 de la tarde ya no había luz, así que pusimos rumbo al apartamento que se encontraba a una hora.

Decidimos buscar un sitio donde cenar que estuviera cerca del apartamento y poder ir andando. Elegimos La Sabina de la Garita. El servicio fue rápido y atento, pero la carta era muy cara y lo que pedimos no nos convenció. Quise probar otro típico plato canario: el gofio escaldado, pero no me gustó nada; Miguel tuvo que tomarse todo el ajo porque yo no lo tolero, y sabía mucho a pescado. Las papas arrugadas venían completametne embadurnadas en mojo picón (que tampoco puedo comer), por lo que tuve que andar limpiándolas con una servilleta, y aún así no eran de las mejores que probamos. Los huevos rotos con jamón estaban secos y sosos. De postre pedimos mousse de gofio, pero estaba un poco harinosa. No digo que se coma mal allí, pero seguramente no elegimos bien los platos…

Así dábamos por acabado otro día de viaje, el primero en Gran Canaria.

Para ver más fotos, pinchar aquí.

DÍA 7: GRAN CANARIA (CASTILLO DE LA LUZ, PLAYA DE LAS CANTERAS, AUDITORIO ALFREDO KRAUS, CENTRO HISTÓRICO VEGUETA Y TRIANA, ARUCAS, EL ROQUE)

ÍNDICE DEL VIAJE

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