LA RODA DE ANDALUCÍA – MUSEO DEL FERROCARRIL

Hoy nos dispusimos a conocer La Roda de Andalucía: el primer pueblo de Sevilla cuando llegamos desde Málaga.

Mi amigo Sergio quería enseñarnos el pueblo de su infancia, donde aún vive su adorable abuela, así que nos pusimos a ello.

Comenzamos la visita en el Museo del Ferrocarril. La Roda tiene un pasado muy ligado a los trenes puesto que era un nudo de conexiones entre varias líneas. En 2007 se inauguró este museo, pero hace sólo unos años que está ampliándose y dándose a conocer de verdad gracias a la labor de varios voluntarios que son antiguos maquinistas.

Ricardo fue la persona encargada de hacernos una visita guiada por el museo. El horario habitual es de 17:00 a 19:00 los domingos, pero nos abrió  el museo especialmente a nosotros un sábado por la mañana, lo cual le agradecemos mucho desde aquí. En el futuro también prevén poder realizar visitas concertadas.

La visita comenzaba en el patio. Aún están en obras y acondicionando la zona, pero nos enseñó alguno de los elementos de esta parte: varias señales ferroviarias.

La visita continuaba dentro. Nos enseñó dos de los bancos originales que se encontraban en sus inicios en la estación de La Roda. También nos habló del Economato: antiguamente, algunos trenes eran como pequeños supermercados a los que la gente acudía a comprar. Entre otras curiosidades se encontraban dos nombramientos originales de conductor de trenes, además de dos maniquíes vestidos con los uniformes de Renfe.

Uno de los elementos más interesantes que descubrimos fue la evolución de cómo se controlaban las vías: desde un mecanismo de llaves a otro de palanca, y por último, de manera electrónica.

Seguimos descubriendo curiosidades en la siguiente vitrina. Así nos enteramos que los conductores de La Roda de Andalucía están hermanados con un pueblo italiano llamado Castel Madama. Nos explicaron lo que era el “Kilométrico”: una cartilla donde se iban anotando los viajes gratis que hacían los empleados de Renfe. Observamos cómo ha evolucionado el mecanismo de emisión de tickets. Y pudimos ver mediante fotografías todos los modelos de trenes de pasajeros y mercancías que han pasado por La Roda.

Continuamos la visita viendo las diferentes vitrinas que nos mostraban la evolución de los sistemas de iluminación (desde pequeñas lámparas de gas a lámparas de mayor tamaño). Antiguamente, sobre todo en los trenes de mercancías, los conductores no tenían tiempo de pararse a comer, por lo que tenían sus propios fogones para poder comer caliente.

Una de las cosas que más me llamó la atención fue la evolución de las comunicaciones. Como antiguamente no había teléfonos móviles, cuando necesitaban hablar con alguna estación, se bajaban del tren y buscaban conectores de teléfono en postes que poseían las vías cada ciertos kilómetros. Allí había un aparato (el alargado gris) al que enchufaban el teléfono y se ponían en contacto con la estación. También vimos la antigua “caja negra” de los trenes (el aparato azul con la aguja), donde quedaba registrado todo (velocidad, paradas, frenadas…).

Las últimas vitrinas estaban dedicadas al personal que más convivía con las vías y los trenes. Así, vimos que en función del rango tenían una gorra distinta (capataz, obrero, sobrestante, guardavía…), las antiguas llaves para el cambio de vía, tornillos de vías y la comparativa del sistema eléctrico de un tren antiguo y el AVE…

Están montando una sala con un simulador en la que podremos vivir la experiencia de estar subido a un tren. Estaremos encantados de volver cuando esté preparada.

Por último, vimos en funcionamiento un gran maqueta de trenes. Esta maqueta ha sido donada y, según nos comentaron, están reformándola para ponerla más a su gusto.

Esta maqueta nos gustó mucho, pero cuando subimos a la primera planta nos quedamos sencillamente asombrados. Habían apagado las luces para que disfrutáramos de la iluminación de esta otra maqueta. No le faltaba detalle. Se escucha en el vídeo a Ricardo explicarnos que el tren se para cuando el semáforo está en rojo y que se pone en funcionamiento de nuevo cuando el semáforo se pone en verde.

La maqueta, obra de Francisco Castro Murillo, era una auténtica preciosidad y aún más meritoria cuando descubrimos todo lo que había bajo la mesa para lograr que funcionara.

Así finalizó la visita de una hora en este centro, imposible de mantener sin la labor de los voluntarios: Rafael Mogaburo (mantenimiento y maquetas), Moisés Espinosa (informático), Ambrosio Gómez (electricista), Dani Doña (bibliotecario),
Antonio Olmedo, Pedro Mateo y Ricardo Naranjo.

Rafael y Javier Mogaburo, Pedro Mateo y Ricardo Naranjo

Aunque están abiertos los domingos de 17:00 a 19:00, es recomendable concertar visita previa por teléfono (954 01 60 02 / 679 19 55 80).

Continuamos la visita por el pueblo para conocer los lugares más emblemáticos.

Recorrimos la calle Real, donde se encuentra el Ayuntamiento con su tablero de ajedrez en la puerta, y varios edificios muy bonitos.

Continuando por esta misma calle llegamos a la Plaza del Sagrado Corazón, presidida por un Jesús de brazos abiertos. Subimos por la calle Cervantes para llegar a la iglesia de Santa Ana, que como es habitual en todos los pueblos, estaba cerrada. Según me comentó Sergio, tiene unas tallas muy bonitas en su interior.

Recorriendo sus calles observamos que hay muchas marquesinas con imágenes de vírgenes y cristos, lo que deja de manifiesto el fervor religioso de La Roda.

Era ya la hora de almorzar y el lugar elegido fue: la Taberna Monforte.

El lugar por dentro era acogedor pero pequeño. Estando los tres en la mesa nos sentíamos apretados, pero la camarera nos dijo que no podíamos coger otra mesa porque sino se quedaba sin sitio. Con la bebida nos pusieron una tosta de queso camembert con mermelada de tomate y jamón serrano. Pedimos de tapas: tosta de salmón y aguacate, secreto ibérico, croquetas y tosta de lomo de orza. Además, pedimos de la carta los huevos rotos con jamón y gambas. La comida estaba buena, y todo esto con tres bebidas nos costó menos de 30 €; muy bien de precio. Los únicos “peros” que vi al sitio fueron que las camareras no eran especialmente amables y que el lugar es algo pequeño.

Tras comer, vimos cómo el tiempo empeoraba mucho. Fuimos en coche al parque porque la amenaza de lluvia era inminente; ya se oían los truenos.

Allí entramos por pura suerte, ya que el horario es de 10:00 a 14:30 y de 17:00 a 22:00. En ese momento estaba celebrando allí su cóctel de boda la hija del alcalde del pueblo.

El parque es bonito, lleno de vegetación y posee una réplica del puente romano situado originariamente en el arroyo Salinoso. Sorprendentemente, el puente original fue destruido por unas obras de  canalización del arroyo y corrección del cauce en 2001. ¿Tragedia o falta de cuidado?

Así finalizamos la visita a este pequeño pueblo de gran tradición religiosa y ferroviaria.

Para ver más fotos, pinchar aquí.

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