DÍA 6: LIUBLIANA

27 de Mayo de 2018

Sexto día de viaje. No nos levantamos muy temprano porque dormí bastante regular. Al ser una segunda planta con techos bajos, hacía mucho calor en la habitación, por lo que tuvimos que poner el aire acondicionado antes de dormir y encenderlo un par de veces por la noche de nuevo por el calor. Además, cada vez que me levantaba para ir al baño, iba con el miedo de tropezar con el escalón de la cama o golpearme la cabeza con el techo, por lo que acababa desvelándome.

Tras desayunar, nos acercamos a un supermercado Mercator que había cerca para comprar bocadillos para el día siguiente (de nuevo tendríamos muchos planes y muchos kilómetros de carretera y preferíamos asegurar el almuerzo).

Con todo listo, nos dispusimos a conocer Liubliana. Era el primer día que amanecía despejado, así que debíamos aprovecharlo.

Comenzamos visitando dos iglesias, la primera estaba muy cerca de nuestro alojamiento: la Iglesia de San Juan Bautista (Cerkev Sv Janeza Krstnika). Al ser domingo celebraban misa, por lo que sólo pude verla desde la puerta.

De allí nos dirigimos a la Iglesia de San Jacobo (Cerkev Sv Jacoba), igualmente con misa, aunque más bonita por dentro.

Continuamos paseando por la calle Stari (Stari Trg). La noche anterior me resultó encantadora, pero de día era mucho más bonita con sus casas de colores.

Esta calle nos dejó enfrente del Ayuntamiento, que se encontraba abierto. Entramos a ver una pequeña exposición que tenía, aunque lo más destacable era su bonito patio central.

Cruzamos por el Puente Triple. La gracia de este puente reside en que son tres puentes paralelos, pero por desgracia, salvo que tengas un dron o acceso a una de las viviendas colindantes (privadas), no puedes disfrutarlo como realmente es. Pregunté en la Oficina de Turismo y me dijeron que no se podía ver desde otro sitio, así que os dejo una foto desde el aire de TripAdvisor.

Resultado de imagen de puente triple liubliana

Tras cruzar el puente, llegamos a la iglesia que se alza regia en la plaza Preseren: la Iglesia Franciscana de la Asunción. La misa estaba a punto de comenzar, así que hice varias fotos rápidas y cuando llegó el cura me fui. Es una iglesia de estilo Barroco que ha sufrido varias invasiones e incendios. Sin duda, lo que más sorprende de ella es su cúpula central.

El siguiente punto que visitamos fue la Catedral de San Nicolás. Recuerdo que Miguel me dijo que no le parecía tan grande para ser una catedral, y quizás no lo era, pero su cúpula era sencillamente impresionante. Me recordaba a la Capilla Sixtina.

La mención más antigua es de 1262, cuando poseía estilo Gótico, pero tras un incendio en 1361 se restauró con estilo Barroco. Y aunque salí de allí con dolor de cuello de tanto mirar hacia arriba, me encantó.

A la salida quisimos hacerle una foto a su puerta principal, profusamente labrada en bronce. La puerta está desgastada en la zona donde se empuja para abrir. Fue una situación muy graciosa el vernos cinco personas delante de ella, cámara en mano, esperando a que se cerrara del todo para poder fotografiarla. Cada vez que la puerta estaba a punto de cerrarse, la abría desde dentro otro visitante y nos impedía hacer la foto. Ya de broma, algunos decían “¡Ohhhhh!” cuando alguien salía, y los de dentro se quedaba asombrados de ver tanta gente enfocándoles. Al final, todos logramos hacer la foto. 😀

Hasta ahora todo había sido un paseo, pero tocaba quemar el desayuno subiendo al castillo. Hay un funicular que lleva hasta él, pero ya habíamos tenido suficientes aparatos elevadores el día 2 y el día 4, y esta vez queríamos subir andando. Nosotros usamos la aplicación Maps me, que nos indicó claramente el camino a seguir: es sencillo y no tiene pérdida, pero eso sí, el desnivel a superar es interesante. El camino es bonito y está a la sombra.

Llegamos al castillo y tocaba pagar. Sacamos la entrada más básica (7.50 €) y accedimos. Por fuera mantenía su aspecto de castillo, pero por dentro estaba completamente encalado.

Nos resultó curioso comprobar que en la entrada al castillo no había tornos de control de acceso, seguramente porque en el interior hay un restaurante al que se puede entrar libremente para almorzar. Únicamente piden la entrada para acceder a determinadas salas. Por cierto, también cobraban por entrar al baño.

Tiene diversas zonas con varias temáticas, pero sinceramente, salvo un par de salas, me dio la impresión de que ha perdido su encanto de castillo.

Desde la torre principal hay unas bonitas vistas; fue una pena que hubiera muchas nubes que hacían sombra a la ciudad.

Lo que más curioso nos resultó de la visita al castillo fueron unas escaleras de caracol protegidas con barras metálicas, un inmenso cuadro del medievo en el que se representaba cómo la muerte es igual para todos, y una placa de animales. Yo pienso que lo que hay montado en el carro es un oso (por la forma), y Miguel dice que es un perro (por el tamaño). ¿Qué veis vosotros? 😛

Pero sin duda, lo más divertido fue hacerse fotos con las alas del dragón.

En una hora y media visitamos el castillo. Hay un inmenso jardín al lado y quisimos visitarlo, pero olvidamos que ni uno de los días que estuviéramos en Eslovenia íbamos a ahorrarnos el “disfrutar” de las obras: el camino estaba cortado por vallas, así que nos dimos la vuelta y bajamos de nuevo al centro de la ciudad.

En este caso rodeamos el castillo por debajo para ver un camino nuevo, y éste era incluso más bonito que el otro.

Aunque era temprano, decidimos buscar ya un lugar donde almorzar y quitarnos ese problema de en medio. Tenía pensado ir a una gostilna determinada, pero sorprendentemente justo ésa cerraba los domingos… El sitio elegido finalmente fue otro, la Gostilna Sokol.

Yo fui a lo seguro y me pedí un goulash o estofado (Telecja Obara) y Miguel pidió filetes de cerdo asado (Svinjska Pecenka) con patatas; ambas cosas estaban muy buenas. De postre quisimos pedir algo típico de Liubliana y el camarero nos recomendó Potica Sokol (un bizcocho con frutos secos, pero estaba bastante seco, la verdad). Aunque los platos eran baratos, la cuenta fue más alta de lo esperado porque las bebidas eran caras y el pan lo cobraban aparte. Importe total: 32.70 €.

Después del almuerzo, paseamos al lado del río en busca del puente más famoso de toda Liubliana: el Puente de los Dragones; y es que en sus esquinas se encuentran cuatro dragones, símbolo de la ciudad.

Nos tocaba dar un paseo de 20 minutos bajo un sol de justicia y mucha humedad hasta el siguiente destino. Leí en varios blogs sobre un barrio del arte alternativo y graffitis: Metelkova. Con lo que me gustan, decidí ir a verlo. Al llegar encontramos un inmenso edificio de arte contemporáneo en un barrio muy moderno. Pero no era esto lo que buscaba; seguimos andando y de repente, aunque alrededor todo era limpio y moderno, entramos en un cuadrilátero cerrado, apartado del resto del barrio. La impresión fue como entrar en un gueto, pero no quisimos pensar mal.

Todo estaba lleno de pinturas y graffitis bastante desconcertantes…

Pero sin duda, la joya de la corona era una escultura gigante compuesta por seres similares a Gollum, con expresiones a cada cual más inquietante.

Como he comentado, nada más entrar en el barrio nos pusimos tensos, y Miguel aún más. Se acercó a mí y me dijo que acababa de ver a un grupo de hombres de aspecto dudoso, que estaban a escasos metros de nosotros, esnifar droga. Comenzamos a acelerar el ritmo sin querer parecer sospechosos cuando, mientras hacía una foto, uno de ellos (según Miguel, uno de los que se acababa de drogar) pasó por detrás mía y gritó para asustarme. Gracias a Dios, se fue solo riéndose de “su gracia”, pero nosotros nos fuimos de allí volando…

Sinceramente no leí nada de que ese sea un barrio de drogadictos, y quizás no estén siempre allí… pero creo que debo avisar de lo que encontramos nosotros.

Nada más salir del cuadrilátero, llegamos de nuevo a un entorno corriente con gente “normal”.

El siguiente destino estaba a 1.7 km, así que fuimos eligiendo cuidadosamente las calles por la que hubiera sombra. El sol abrasaba, así que el paseo se hizo un poco cansado. Por fin llegamos a la iglesia ortodoxa que tantas ganas tenía de ver (Cerkev Svetega Cirila in Metoda). Es una pena que no aparezca como destino a visitar en la mayoría de las guías, porque es increíble por dentro. Me sorprendió que era mucho más pequeña de lo que esperaba, pero las pinturas y su colorido eran espectaculares.

El suelo estaba lleno de hierbas que parecían romero (y la gente las cogía del suelo y se las llevaba), seguramente debido a la celebración ese mismo día del Domingo de Pentecostés Ortodoxo, en el cual por tradición en Rusia los templos son decorados con flores y hojas verdes, símbolos de la revivificación de la vida en el mundo.

Estando allí, apareció una familia inmensa de hombres como armarios empotrados y mujeres de ropa corta y ajustada, que parecían acudir a celebrar alguna ceremonia. Los varones daban miedo de verdad, por su cara de pocos amigos y su tamaño, así que como ya tuvimos bastantes sustos con los eslovenos en el barrio de Metelkova, decidimos irnos antes de que nos dijeran algo, por si acaso.

Leí sobre una cafetería en la azotea de un edificio desde la que había unas increíbles vistas de Liubliana y su castillo, así que pusimos rumbo allí. El lugar era el Café Neboticnik. El tiempo comenzó a nublarse y miramos la aplicación Alarma de Lluvia: venía hacia nosotros una inmensa tormenta. Aún así, teníamos margen y me apetecía merendar con esas vistas. Después de un rato allí esperando, haciendo fotos y viendo cómo atendían a todos los de alrededor nuestra, llamamos al camarero para preguntarle si tenían carta en inglés. Nos miró, nos dijo que no y se largó sin tomarnos nota… Me sentó fatal, así que con las mismas, cogimos nuestras cosas y nos fuimos de allí.

Me quedé con ganas de algo dulce, y paseando vimos un sitio donde hacían gofres de bolas. Los probamos en Tailandia y tenía tan buenos recuerdos que quise probarlos de nuevo. Pero nada… la mala suerte seguía con nosotros y tampoco salió bien: la masa no estaba muy allá, y estaba tan caliente que el helado de dentro se convirtió en leche… y además no nos dejaron ponerle los sabores que queríamos. FRACASOOO… Nos lo acabamos y continuamos la visita.

El día anterior por la noche visitamos la zona más cercana al parque Tivoli, donde había varios museos y el Teatro de la Danza (todos edificios preciosos, e inexplicablemente, fuera también de la ruta turística habitual). En este caso, quisimos recorrer la calle Krizevniska, cerca del río, y que tampoco estaba marcada como ruta turística. De nuevo vimos edificios espectaculares, algo deslucidos por el día nublado, pero igualmente grandiosos.

Desde esta calle además había una panorámica perfecta del Castillo de Liubliana.

Volvimos al río, donde teníamos una preciosa vista de los edificios del otro lado, y pusimos rumbo al coche. Cada vez estaba más nublado y comenzaba a correr el típico aire pre-lluvia.

Ya en el coche pusimos rumbo a Predjama, donde haríamos noche. Durante el camino nos cayó una tormenta inmensa, menos mal que nos fuimos pronto de Liubliana.

En esta ocasión reservamos únicamente una habitación. Estaríamos apenas unas horas y queríamos algo económico. Nos costó 42 € la noche y era una habitación limpia, muy amplia, con tres camas, televisión, nevera y un baño con una ducha grande. Nos gustó mucho. El lugar era Rooms Klik. Lo recomiendo.

Buscamos como siempre en Google Maps un lugar para cenar y nos decidimos por uno que estaba a 5 minutos en coche: Ob Kaminu. Habíamos visto el pulpo en muchas ocasiones en la carta y no quería irme sin probarlo, así que yo pedí ensalada de pulpo (Hobotnica v solati) y Miguel pidió hamburguesa con queso (Spikovana pleskavica).  Miguel se vio valiente y decidió pedir dos postres: uno que ya conocíamos, Baklava (hojaldre con almíbar y frutos secos) y Palacinke z Orchi (crepe con dulce de leche). Total de la cuenta: 27.70 €.

Al día siguiente nos esperaban muchos planes y muchos kilómetros, así que tras cenar nos fuimos a la habitación a descansar. No sabía aún cómo de estresante sería el día siguiente para mí…

Con 17 kilómetros recorridos bajo un sol de justicia y 255 metros de desnivel acumulado (85 plantas), descansamos muy bien esa noche.

Para ver más fotos, pinchar aquí.

DÍA 7: CUEVA DE POSTOJNA, CUEVA DE ŠKOCJAN, CASTILLO DE PREDJAMA, VENECIA

ÍNDICE DEL VIAJE

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