RUTA CAHORROS DE MONACHIL – CRECIDA DE RÍO

Provincia: Granada
Población: Monachil
Tipo de recorrido: Circular
Recorrido: 8.33 Km
Desnivel acumulado: 516  m
Dificultad: Moderado
Época recomendada: Todas
Fecha de realización: 28/04/2018

La ruta de hoy os la comento más a modo de anécdota – aventura que para que la podáis seguir.

En 2015 hicimos la ruta de los Cahorros de Monachil por segunda vez para poder hablaros de esa ruta en el blog. En aquella ocasión, el río apenas llevaba agua y la cascada del puente colgante más largo se veía triste… Estaba nublado y todo muy seco. Me decepcioné un poco, así que cuando me enteré de que habían hecho un sendero al lado del río para llegar desde el pueblo a la zona de los Cahorros decidí ir de nuevo.

Lo irónico del tema es que, después de tantas lluvias que llevamos este año, y teniendo en cuenta que el agua del Monachil viene de Sierra Nevada, yo temía que aún no hubiese habido deshielo y encontrármerlo igual. Cuántas veces me recordó Miguel estos pensamientos pesimistas durante toda la ruta… sobre todo al principio.

Aparcamos en el pueblo pero hay una explanada grande donde poder dejar el coche (coordenadas: 37.130901, -3.536891). Cuando bajamos del coche y vimos el río bajar por las calles del pueblo, ya me dijo Miguel: “Pues parece que lleva agua… 😛 “.

Tomamos el camino “Cahorros por Sendero del Río”. Vimos que la entrada estaba cerrada por una valla, así que no pudimos acceder. Como vimos que unos metros más adelante se podía acceder al sendero al lado del río, tomamos ese camino… (¡Error!)

El río estaba muy crecido y me recordaba al Río Majaceite en el Bosque. Aún así, las estampas que nos regalaba eran preciosas.

El problema es que el camino cada vez se complicó más, hasta que llegó un punto en el que el río se había comido el sendero y no se podía continuar por ningún lado. Parece que no éramos los únicos a los que les sucedió. Tomamos un sendero marcado aunque cerrado por la vegetación para alejarnos del río. Pensaba que un poco más adelante podríamos llegar de nuevo al río, pero nos encontramos con un “macho ibérico pueblerino” de libro, con su media barriga fuera de la camiseta y azada en mano, que nos dijo que no se podía continuar por allí y que no podríamos llegar de nuevo al río.

Como teníamos el mapa satélite descargado, miramos los posibles senderos a tomar. Cuando lo tuvimos claro, nos encontramos con una familia de holandeses (una pareja, dos hijos y la abuela) que habían cometido la misma imprudencia que nosotros de meterse en el sendero del río y se habían salido en el mismo punto que nosotros.

Miguel, que se defiende bastante mejor que yo en Inglés, les comentó que no se podía seguir por fuera del río y enlazar de nuevo con él, y les explicó lo que íbamos a hacer nosotros. Como anécdota que nos hizo gracia, decir que Miguel hablaba del “macho ibérico pueblerino” como “the man” (el hombre), y el educado holandés se refería a él como “the gentleman” (el caballero) (¡cómo se notaba que no lo había visto físicamente, jajaja!).

Siguiendo senderos bien marcados que rodeaban los campos de cultivo, llegamos a una finca privada que pasamos rápidamente hasta llegar a la carretera que  nos llevaría a los Cahorros. Tenía una cancela cerrada con cerrojo, pero gracias a Dios no tenía candado, así que la abrimos y pasamos rápidamente, dejándola cerrada después.

El resto del camino por aquí hasta llegar a un enorme edificio del Ayuntamiento discurría por una pista forestal muy cómoda. La familia extranjera iba a una distancia prudente para no molestar, pero siguiéndonos. Pasamos al lado de donde se supone que desembocaba el sendero del río y vimos que estaba también cerrado con vallas. Sufrimos en nuestras carnes el por qué no se permitía el paso…

Tras superar el edificio del Ayuntamiento, de nuevo volvimos al río.

Esta vez el camino no estaba cortado, pero comprobamos que había varios pasos complejos. Aquí los amigos holandeses decidieron darse la vuelta y no proseguir (recordad que iban con la abuela). El día se nos estaba complicando mucho por el agua del río y Miguel de nuevo me recordaba: “Menos mal que no iba a llevar agua…”, pero en este caso no había camino alternativo y pasamos como pudimos.

Por fin llegamos a la zona de los puentes colgantes donde acababa el peligro de mojarnos los pies. Todo eran escaleras y pasarelas de madera.

Sabíamos que haciendo el día tan espectacular que hacía y en plena primavera, habría mucha gente, pero lo del puente colgante grande era IM-PRESIONANTE. 15 minutos tardamos en poder cruzarlo.

Eso sí, estaba especialmente bonito y pudimos disfrutar de dos cataratas simultáneas.

Tras cruzar el puente llegamos a los Cahorros. Nunca decepcionan, a pesar de ser la tercera vez que los visitamos.

Y siempre poniendo en aprietos para superar las estrecheces. 😛

Antes de terminar los Cahorros pasamos por la Cueva de las Palomas. Esas inmensas moles de piedra, las estrecheces para pasar, el sonido del agua… mágico.

Pero no os penséis que todo acaba aquí. Aunque los cahorros se abren, sigue habiendo tramos complejos y en ellos se nota la experiencia o no en la montaña y/o la agilidad de cada uno. La señora de la foto y su mochila lo pasaron mal para superar ese bloque rocoso.

Tras ese último paso, nos metimos de lleno en la garganta del río: un estrecho sendero tallado en la montaña que nos deja increíbles paisajes. Sin duda, esta ruta luce mucho más un día sin nubes.

En principio, este sendero no tiene complicación, pero una vez más, en este día marcado por la crecida del río, nos topamos con un último escollo. Me encontré con una conocida, cuyo hijo me dijo que no se podía seguir porque había una cascada que impedía el paso. Aún así nosotros nos arriesgamos a seguir. Siempre he dicho que para ir al campo considero fundamental un calzado impermeable. Éste fue uno de esos casos en los que nos ayudó mucho. Con un poco de equilibrio y un buen calzado pudimos superar el punto que denomino “salto de agua complicado”. Posiblemente en otra época no haya problemas, pero prefiero avisar. Una vez más oía el comentario de Miguel: “Menos mal que no iba a llevar agua el río por falta de deshielo…”.

Continuamos un poco más y cruzamos el río por el puente de las Chorreras. La vez anterior fuimos hasta la Central Eléctrica, pero en esta ocasión preferimos volvernos antes.

Ya en el otro lado, las vistas eran igualmente preciosas.

Y pudimos ver de frente el salto de agua inmenso que un rato antes nos complicó el paso.

Llegó la hora de comer. Nos echamos a un lado del sendero. Luna, que estaba disfrutando de lo lindo y pasando también bastante calor, disfrutó del salami del bocadillo de Miguel.

Tras el almuerzo, continuamos el camino de vuelta. Poco a poco el terreno se hacía cada vez más árido. Menos mal que corría viento, porque en esta zona el sol da de lleno.

Aunque la intención primera era volver por el río, la descartamos al ver todas las complicaciones que tuvimos, por lo que decidimos volver al coche (que estaba en el pueblo) por el camino más cómodo y rápido, haciendo así una circular completa.

A pesar de todos los inconvenientes, la ruta fue muy bonita, pero aclaro varias cosas:
– Si el acceso al río está cerrado, no paséis; seguramente no podréis continuar más adelante.
– Normalmente sólo habrá dos opciones: o podréis hacer el sendero por el río porque lleve menos agua, o veréis la cascada del puente llena de agua. Las dos cosas a la vez es muy muy difícil.
– En esta ruta siempre hay gente. Únicamente, dependiendo de la fecha, variará de mucha gente a muchíiiiiisima gente.

Aunque ha sido la tercera vez que hemos ido, el sendero del río me pareció tan bonito y me dio tanta pena no poder hacerlo entero, que no descarto volver de nuevo en otra época del año. (Volvimos en 

Os recomiendo leer la entrada: Consejos para hacer senderismo.

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