DÍA 4: CASTILLO Y VISTAS LAGO DE BLED, CASCADA PERICNIK, RADOVLJICA

25 de Mayo de 2018

Comenzaba un nuevo día, y al menos hoy amanecía con un poco de sol. El pañuelo-antifaz había sido muy útil y pude dormir un poco más, así que estaba más descansada y algo más optimista.

Como por el momento hacía sol (lo cual sabíamos que no duraría todo el día) pusimos rumbo al Castillo de Bled para poder disfrutar de las vistas.

Después de comprobar el día anterior en la Isla de Bled que no merece la pena visitar un edificio en obras, y leer en comentarios de Internet (de hacía sólo una semana) que el castillo de Bled era un desastre (había andamios por todos lados, zonas tapadas, había que andar por encima de tablas de madera…), decidimos ahorrarnos los 10 € que costaba la entrada y únicamente lo vimos por fuera.

El único inconveniente era que yo quería ver las vistas del lago de Bled desde arriba. Había una inmensa grúa cortando el acceso a un mirador al lago (que estaba fuera del castillo), por lo que no se podía pasar de ningún modo por ahí. Para solucionar este problema, con mapa topográfico en mano, nos dispusimos a buscar la forma de poder ver esas vistas sin pasar por el castillo. Ver entrada Camino Vistas Lago de Bled.

Tras la ruta-aventura planeada sobre la marcha, nos fuimos a la ruta que sí teníamos organizada: visitar la Cascada Pericnik. Se encontraba a 25 minutos de Bled.

A pesar de estar un poco afeada por las nubes, ésta fue una de las rutas que más me gustó de todas las que hicimos.

Cuando volvimos al coche ya era la hora de comer, así que echamos mano de Google Maps para encontrar algún sitio donde comer de camino a nuestro siguiente destino. El lugar elegido fue Das Ist Walter. Aunque nos sonaba a alemán, resultó ser un restaurante bosnio.

Al ver los precios tan bajos, asumimos que las cantidades serían escasas y pedimos varios platos: Pleskavica (una hamburguesa en un pan especial), Prebranec (un plato de habas con chorizo), Spinacna pita (una especie de quiche de espinacas con un vaso de yogur natural y pan), y de postre Baklava (hojaldre con almíbar y frutos secos). Todo estaba muy bueno, sobre todo la Baklava, pero las cantidades eran exageradas. Cuando comenzaron a traer los platos nos quedamos impactados. Lo mejor de todo era el pan. ¡Me encantaba! Tanto, que le pedimos que nos pusiera para llevar el que nos sobró, ya que pensé que se podría hacer un buen postre dulce con él.

Lo más sorprendente fue la cuenta: sólo 21 € por toda esa comida.

Terriblemente llenos, pusimos rumbo a Radovljica. Aparcamos a las afueras (coordenadas: 46.347182, 14.172396) porque sinceramente, no nos apetecía pagar e íbamos bien de tiempo.

Estábamos a tan sólo 10 minutos andando del centro histórico. Por el camino vimos muchas estatuas a lo largo de pueblo y edificios muy bonitos.

Pasamos por una vinoteca (Vinoteca Sodcek) y decidimos entrar a comprar vino para nuestros padres. El dueño era de lo más amable y nos explicó todo lo que necesitábamos saber. Nos sorprende mucho lo bien que hablan inglés los eslovenos.

Casi sin darnos cuenta, llegamos al Casco Histórico de Radovljica: una plaza alargada llena de edificios, a cada cual más encantador. Era como estar en un pueblo de cuento.

La oficina de turismo estaba abierta, así que nos dieron un plano y pudimos saber qué era cada casa (adjunto el plano al final de esta entrada). Miguel, además, preguntó cómo se pronunciaba correctamente Radovljica, y nada que ver con cómo se leería en español. La chica le dijo que se decía “Radouvlithá.

Entramos en cuatro edificios de esta plaza:

– La Mansión Radovljica:
En el siglo XII fue el castillo del pueblo, pero en el siglo XVIII se reconvirtió en vivienda para la familia Thurn Valsassina. Actualmente se hallan en su interior el Conservatorio de Música, el Museo Municipal y el Museo de Apicultura. Nosotros simplemente dimos un paseo por dentro.

– La Iglesia de San Pedro:
Edificio del siglo XV de estilo gótico tardío. Me enamoré de sus techos en arco con piedra clave.

Al salir de la iglesia comenzó a llover. No llevábamos paraguas, sólo chubasqueros, así que nos quedamos en un soportal esperando a que escampara, ya que según la aplicación Alarma de Lluvia no debía durar mucho. Había unos hombres colocando un cartel en la puerta que decía en esloveno: “Ven Espíritu Santo”. Dio tiempo a escampara, dimos varias vueltas más a la plaza… y aún no habían acabado de poner el cartel; es mítica, la calma eslovena…

– Edificio de Rectores:
El edificio era parte de las defensas de la ciudad. La fachada tiene un fresco del siglo XVIII, representando a Cristo dándole las llaves San Pedro. En el interior hay un patio de arcos del siglo XVI.

– Casa-Gostilna Lectar:
Una pequeña taberna donde, en su sótano, fabrican pan de jengibre, aunque todo lo que venden es de souvenir. No se comen…

Este pequeño pueblo, que conserva su casco histórico con todo su encanto, me gustó mucho. No es un destino habitual de visita de turistas, por lo que estaba muy tranquilo.

Hicimos unas últimas fotos a la preciosa plaza y nos volvimos al coche.

Cuando acabamos de visitar el pueblo, nos fuimos de nuevo a Bled.
Tras ver la isla y su castillo, el siguiente punto de interés era la iglesia. Aparcamos en una zona en la que la primera hora era gratis (coordenadas: 46.369540, 14.107297). Dejamos el coche y fuimos a ver la Iglesia de San Martín. Me alegré mucho de ir a verla porque era una maravilla por dentro. Es una iglesia gótica de 1905.

Los frescos de sus paredes me dejaron embobada mirándolos durante un buen rato.

Tras visitar la iglesia, dimos un paseo para ver la otra cara del lago de Bled que no vimos el día anterior. Sinceramente me gustó más la zona Oeste, está más apartada y por ello no había tantísima gente ni música de bares.

Además, el tiempo se comenzó a estropear por momentos (en el vídeo se ve el cielo cenizo) y, como era previsible, comenzó a llover. Pero no llovió como el segundo día, ni siquiera como el tercer día cuando estábamos en el teleférico Vogel. Llovía con fuerza, aire, rayos y truenos… Miramos la aplicación Alarma de Lluvia y se nos venía una buena encima, así que, como teníamos que ir al supermercado a por yogur y fruta para el desayuno, compramos también la cena para tomarla en el apartamento.

Nuestra cena fue hamburguesa, muslos de pollo asado con patatas, ensaladilla rusa y paté de cerdo. De postre, preparé el pan del almuerzo a la plancha con mermelada de fresa (lo mejor de la cena 😀 ).

Mientras cenábamos estuvimos viendo la televisión. Todas las series americanas estaban en su idioma original, y subtituladas en esloveno. Eso explicaría por qué los eslovenos hablan tan bien en inglés.

Ésta fue nuestra última noche en Bled; a partir de día siguiente, hasta llegar a Venecia, cada día dormiríamos en un sitio distinto.

Este día, aunque afeado por el tiempo como todos hasta ese momento, nos respetó a ratos, nos dejó ver el sol y fue bastante completo con senderismo y visita a un pueblo encantador. Además fue algo mas “liviano” que los anteriores: 14 kilómetros con 282 metros de desnivel acumulado (94 plantas).

Podéis descargar el plano de Radovljica aquí.

Para ver más fotos, pinchar aquí.

DÍA 5: BLED, VELIKA PLANINA, SKOFJA LOKA, LIUBLIANA

ÍNDICE DEL VIAJE

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