DÍA 3: GARGANTA DE VINTGAR, CASCADA SAVICA, TELEFÉRICO VOGEL, LAGO BOHINJ, SREDNJA VAS, LAGO DE BLED

24 de Mayo de 2018

Tercer día de viaje. De nuevo estaba despierta desde muy temprano. El cielo estaba mucho más nublado que el día anterior y el pronóstico era realmente malo. Con este percal, nos subimos al coche y comenzamos el día.

El primer plan era hacer la ruta de la Garganta de Vintgar, una de las más famosas de Eslovenia. Estaba a sólo 10 minutos de nuestro alojamiento. Al poco de salir, descubrimos que la calle por la que nos llevaba el GPS estaba cortada por obras; tampoco nos extrañamos: TODA ESLOVENIA estaba en obras… Con lo que no contábamos era con que los eslovenos no sólo son tranquilos y tienen mucho dinero para hacer obras, sino que NO TIENEN SENTIDO COMÚN. Había tres caminos para llegar a la ruta, y los tres estaban en obra a la vez… Tras pasar por cada una de las opciones que nos daba el GPS y descubrir que estaban cerradas, tuvimos que pedirle una ruta alternativa. ¿Resultado? Pasamos de un trayecto de 10 minutos a 35 minutos, por urbanizaciones privadas en las que calles donde únicamente cabía un coche eran de doble sentido… En una de ellas, nos encontramos 4 vehículos de frente, y tuvimos que echar marcha atrás durante más de 50 metros hasta que pudimos apartarnos para dejarles pasar (y peor lo tuvieron las dos caravanas que llevábamos detrás). Llegar al inicio de la ruta fue toda una odisea…

Quiero aprovechar para comentaros que en Eslovenia hay muchas pequeñas aldeas. Cuando pasas por ellas hay carteles que te dicen si vas bien de velocidad o no. Para ello, usan pulgares hacia arriba o hacia abajo, caritas sonrientes o tristes… Y también me resultó muy cómico el cartel que avisa del peligro de caída a los motoristas.

Tras la odisea para llegar allí, aparcamos (coordenadas: 46.391924, 14.084356) y otro guantazo: la caseta de venta de entradas estaba cerrada… Aún así, como no había vallas, accedimos, pero pronto nos dimos cuenta de que no se podía continuar. La zona de las pasarelas estaba cerrada. Todo lo que pasamos para llegar allí y ni siquiera podíamos hacer la ruta porque ¡¡¡TAMBIÉN ESTABA EN OBRAS!!! Lo poco que pudimos ver era muy bonito, así que me sentó aún peor no poder ver más. Estaba claro que este viaje estaba gafado.

Más decepcionada y resignada que enfadada, volví al coche para continuar con el día.

El siguiente destino era otra ruta. Sinceramente ya iba asustada por lo que pudiera encontrarme, pero por suerte, esta vez sí pudimos hacerla. La Ruta de la Cascada Savica (coordenadas: 46.289506, 13.801969) fue muy cortita y pintoresca.

Tras la visita, que sólo nos llevó una hora (previo pago de 3 € por persona), pusimos rumbo al siguiente destino: el teleférico Vogel (coordenadas: 46.275872, 13.835588). El precio me pareció bastante exorbitado (16.50 € por persona) pero vi fotos de unas praderas verdes preciosas y una panorámica del lago Bohinj increíbles, así que subimos. La subida es cierto que era bastante espectacular.

Pero ahí terminó todo. Según subíamos, más se nublaba, y al llegar a la cima estaba tan cubierto que apenas había luz; y eso, sumado a la bruma, deslucía completamente las vistas.

En estas condiciones, nos dispusimos a conocer la zona. En mi mente estaban las imágenes de todo un vergel bonito y primaveral. Lo que encontré fue un pedregal seco con restos de la nieve sucia del invierno. Algunos ratos salió el sol, lo justo para hacer alguna foto, pero poco más.

Dimos un paseo por allí (ver track) pero corto, porque de repente empezó a diluviarnos. Hasta ahora no nos había llovido tanto, así que sacamos los paraguas y volvimos rápidamente al teleférico. Un dinero mal invertido subir al teleférico…

De vuelta en el coche nos dispusimos a ver dónde almorzábamos. Vimos carteles de varios restaurantes en la entrada del teleférico y nos decidimos por uno de ellos:  Gostilna pri Hrvatu. Se encontraba en Srednja vas, un pueblecito camino de Bled, así que, como teníamos tiempo de sobra porque los planes estaban saliendo bastante mal, fuimos hacia allá.

De camino, paramos y bajamos del coche con los chubasqueros a ver de cerca el Lago Bohinj. El color que tenía el agua era casi mágico, una auténtica preciosidad. La pena fue no poder disfrutarlo tranquilamente por la lluvia.

A los 15 minutos llegamos a la Gostilna pri Hrvatu que tenía aparcamiento para sus clientes en la puerta.

Fue todo un acierto. Con la lluvia, lo que más me apetecía era un plato de cuchara que estuviera caliente. Así es como descubrí la única comida de Eslovenia que merecía la pena: los golaz o goulash (estofado o potaje, como se diría en España). Yo pedí Goveji Golaz (potaje de repollo y ternera), Miguel pidió Divjacinski Golaz (estofado de venado) y Prazen Kompir (patatas al horno con cebolla). Y de postre, Gibanica (un postre típico esloveno de frutos secos, manzana, azúcar y bizcocho que estaba buenísimo). Todo nos gustó mucho y nos sentó de maravilla para subir el ánimo.

Cuando salimos, comprobamos en la aplicación Alarma de Lluvia que en Bled estaba cayendo una tormenta enorme, así que decidimos hacer tiempo antes de ir allí, visitando el pueblo. Srednja vas debe ser un hervidero de gente en invierno, pero cuando fuimos era todo calma. Un pueblo pequeño y encantador. Visitamos su iglesia y nos sorprendimos de cómo eran sus enterramientos. Tenían un mosaico sobre la tumba en el que plantaban flores. Estaba precioso.

Como los planes del día no salieron como esperábamos, adelantamos los que correspondían al día siguiente y decidimos ir a visitar la isla del lago de Bled.

Cuando llegamos, he de admitir que me bloqueé: seguía lloviendo, dimos mil vueltas para aparcar, eran casi las 18:00, tuvimos que dejar el coche en uno de los extremos del lago, no sabía si habría barcas que nos llevaran (ya que salían del lado opuesto)…

Finalmente le tocó a Miguel tomar una decisión: alquilar una barca de remos y llegar solos a la isla. Aparcamos en el único lugar donde se puede aparcar más de una hora (coordenadas: 46.362436, 14.081736) pagando 5 € y pudiendo dejar el coche toda la tarde.

Pusimos rumbo al sitio que elegimos de alquiler de barcas, el más cercano al coche y también a la isla. Pagamos 15 € por alquilar durante una hora la barca y pusimos rumbo a la isla. Nos salió más barato que si nos hubieran llevado. Miguel, como un campeón, agarró los remos y en 10 minutos estábamos en la isla. Parecía que a alguien allí arriba le gustó la valiente iniciativa y nos salió el sol para poder disfrutar del trayecto en barca.

Llegamos a la isla, y para acceder a la iglesia y al campanario había que pagar. Ya que estábamos allí, lo hicimos, pero nos dimos cuenta que de nuevo tiramos el dinero… El interior de la iglesia estaba en obras y la única gracia de poder acceder era tocar la campana para pedir un deseo. ¡Estaba más dura de lo que parecía!

Lo único interesante de subir al campanario era poder ver el mecanismo de su reloj.

Lo mejor de la isla de Bled es pasear por ella. Como fuimos por la tarde, no estaba saturada de turistas por todos lados y pudimos disfrutarla con tranquilidad. Me sorprendía muchísimo el color del agua del lago, y la vista del castillo encima de la roca era espectacular.

Tras la visita, pusimos rumbo al embarcadero de nuevo. Volvimos al coche para coger ropa de más abrigo y allí vi un montón de patos en el lago. Debo admitirlo: ¡¡¡me encanta dar de comer a los patos!!! Así que aprovechando que nos quedaban en la mochila algunos gusanitos con sabor a cacahuetes del día anterior, disfruté de lo lindo dándoles de comer, sobre todo a una mamá pata de lo más educada.

Quería rodear el lago para ver la isla desde varios ángulos al atardecer. Uno de los tramos discurría por una pasarela muy cerca del agua. El lugar era encantador.

Hicimos fotos a la isla desde varios ángulos y con diferente luz.

Según íbamos caminando, nos dimos cuenta de que el lago era más grande de lo que pensábamos. Era ya la hora de cenar, así que tras hacer mil fotos a la isla, nos dispusimos a buscar dónde comer. Vimos un sitio que nos gustó: Sova Bled. Lo que no sabíamos era que se trataba de un sitio un poco más pijo que una gostilna normal. Cuando entramos, el camarero se nos quedó mirando (a nosotros y nuestra ropa de senderismo) y nos preguntó si teníamos reserva (había mesas libres sin el cartel de reservado). Le dijimos que no, y nos respondió que estaba todo ocupado. Captamos la indirecta (muy directa) y buscamos otro sitio.

Terminamos en un lugar al lado del aparcamiento: Innerview. Pensaba que siendo un restaurante al lado de un camping sería económico, pero fue la cena más cara del viaje. Yo pedí risotto con verduras y pollo, y Miguel una parrillada. Mi arroz estaba un poco duro y la carne de Miguel algo seca. De postre, estando en Bled, pedimos la famosa Kremna Rezina. Yo tenía muchas ganas de probarla y me decepcionó mucho… No sólo porque no hay forma digna de tomar ese postre (se desmonta cuando intentas hincarle el tenedor), sino que me resultó insípido y muy pesado. Al final, una multaza de 38.85 € por una comida que tampoco nos gustó demasiado.

El restaurante era grande y el camarero estaba solo, por lo que tardamos en cenar más de lo que esperábamos y salimos de allí a las 22:30. Aún así, saqué un poquito de fuerzas para acercarme de nuevo a ver la Isla de Bled de noche.

Hay una frase que Miguel me dice siempre: todo es más bonito siempre en tu imaginación que en la realidad. Y acertó de nuevo. Creía que la isla de noche iluminada estaría preciosa… Pero me decepcionó. 😦

Al final llegamos al apartamento de nuevo cerca de las 12 de la noche. Al entrar, estaba Roberta esperándonos porque quería darnos un regalo. ¿Adivináis qué era? ¡Dos Kremna Rezina! Con lo poco que me gustó, y tenía que comerme una entera de nuevo… Aún así se lo agradecimos como si fuera el regalo más fantástico del mundo, ya que la mujer tuvo ese detalle con nosotros.

El día fue duro (17 kilómetros con casi 330 metros de desnivel acumulado, 109 plantas), muchos planes fallidos, mal tiempo, estrés… Me apenó no poder disfrutar de este día como lo tenía planeado porque pintaba muy bien. Probaríamos suerte al día siguiente. Esa noche me acosté usando un pañuelo como venda en los ojos, para no despertarme con la luz del amanecer al día siguiente… 😛

Para ver más fotos, pinchar aquí.

DÍA 4: CASTILLO Y VISTAS LAGO DE BLED, CASCADA PERICNIK, RADOVLJICA

ÍNDICE DEL VIAJE

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