ALAMEDA – CORCOYA

ALAMEDA.

Seguía un fin de semana más el tiempo lluvioso (el tercero consecutivo), así que decidimos visitar Alameda y Corcoya. Con estos dos pueblos finalizábamos nuestra ruta por las Tierras de «El Tempranillo», que iniciamos en Agosto del año pasado.

Alameda es el pueblo que más Centros Temáticos tiene: tres en total.

Cuando llegamos hacía un sol radiante (a pesar del pronóstico de lluvias), lo cual nos alegró bastante. Llegamos y aparcamos el coche (coordenadas: 37.210377, -4.660900). Nos dirigimos directamente al Centro Temático del Campo Andaluz, donde Carmen nos esperaba. Como en el resto de los centros, recomiendo que llaméis antes por teléfono avisando de que iréis a visitarlo.

Así comenzamos viendo el Centro Temático del Campo Andaluz. Mis abuelos maternos tenían una huerta y mi madre se crió en el campo, y supongo que por eso me llama tanto la atención todo lo relacionado con la agricultura y el modo de vida de aquella época.

En la primera planta, mediante objetos expuestos y paneles informativos, nos adentramos en el mundo del cultivo del trigo (con el arado de las tierras, la siembra, la recolección, las eras…) y de los olivos. Además, disfrutamos de una inmensa maqueta del pueblo en la que se representaba la antigua iglesia, cuando se encontraba encalada, y todas las procesiones que tiene este pueblo, que no son pocas.

Tras aprender sobre el cultivo del trigo y las aceitunas, en la planta baja aprendimos cómo se procesaban antiguamente, acercándonos a una almazara (con réplicas de un molino aceitero y una prensa) y un molino harinero. Por último, descubrimos lo sumamente laborioso que era elaborar cal, con paneles informativos y una réplica de una calera. La cal suponía una de las bases de la economía local.

Finalizamos la visita a este Centro Temático y pusimos rumbo al siguiente destino a visitar, que se encontraba justo enfrente: el Centro Temático de las Termas Romanas.

Empezaron los intervalos nubosos con mucho aire y que nos hacía esperar lo peor.

La visita a este lugar comienza viendo los restos que se conservan hoy en día. Se pueden dividir en cuatro sectores.

El primero, del cual no se sabe a qué correspondía, está compuesto por un edificio rectangular con un estanque y varias habitaciones. Se piensa que su uso podía ser sacro o administrativo.

El segundo sector corresponde a unas antiguas termas romanas. Las termas romanas eran muy importantes en aquella época. Su precio era muy barato y en algunos casos incluso gratis.

El tercer sector pertenece a pilas productivas, seguramente de actividades oleícolas, vitivinícolas o de riego.

El último sector son silos calcolíticos. Es posible que en su día se tratara de aljibes conectados por canales de superficie, aunque también se baraja la opción de que sirvieran como almacenes para carne, herramientas, grano…

Una vez visitada la parte exterior, entramos al centro temático en sí. En la planta baja, cuando el sensor nos detecta, escuchamos un audio en el que se nos habla de la importancia de Alameda en la época romana: sus cultivos, sus carreteras, la fauna…

En una sala anexa descubrimos los yacimientos de Alameda y algunas estructuras de conservación de aceite que aún se conservan.

En la primera planta nos adentramos aún más en la Alameda romana, viendo varias reproducciones de piezas de «terra sigillata», un material con el que se elaboraban vasijas y cuencos para las familias adineradas. A través de paneles móviles descubrimos parte de la cultura y el ocio romanos (juegos, literatura, arte, competiciones…). Y por último, nos adentramos en el mundo de las termas romanas. Me resultó curioso descubrir que las termas no eran lugares de placer y relax, sino que eran sitios tumultuosos y en ocasiones bastante escandalosos.

Así finalizábamos la visita al segundo Centro Temático. Ya sólo nos quedaba ver uno de los puntos más importantes de la ruta bandolera: el Patio Mausoleo de José María «El Tempranillo».

Fue curioso porque hasta aquí llegamos sin lluvia, y en cuanto entramos al patio, como si entráramos en un pueblo distinto, comenzó a diluviar.

En este lugar, con clara influencia de los patios cordobeses, es donde descansan los restos de este célebre bandolero que consiguió el indulto.

Encontramos también la única imagen real que existe de José María Hinojosa Cobacho (El Tempranillo), dibujado por John Frederick Lewis. Se dice que le apodaban «El Tempranillo» porque comenzó su vida de bandolero con tan sólo 15 años.

A través del patio accedimos a la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción.

Uno de mis primos se casó hace muchos años en esta iglesia, pero aún así no la recordaba apenas, por lo que me maravillé de nuevo al verla. No puedo negar que siento debilidad por las iglesias barrocas.

Posee una  valiosa talla de madera policromada de un Cristo Crucificado que data de finales del siglo XIV. Carmen nos comentó que es la única imagen que no se procesiona. El motivo no es sólo su antigüedad, sino también que pertenece al Obispado de Sevilla, que ha dicho que en el momento que salga del templo, reclamará que se le devuelva.

Carmen nos contó también que originariamente la iglesia estaba encalada, pero hace varios años el párroco del pueblo decidió dejar la iglesia en piedra viva.

Es una iglesia de cruz latina, y destacan sus tres camarines que se encuentran en la cabecera de la parroquia. Uno de los camarines está dedicado a la advocación de Jesús el Nazareno, otro a la Virgen de los Dolores, y el tercero a la Virgen del Rosario, estando considerados como obras maestras del Rococó con claros tintes ecijanos.

Posee además un bonito Vía Crucis pintado sobre madera y unas preciosas vidrieras.

Con esta visita finalizaba el trabajo de Carmen, que debía volver al Centro Temático del Campo Andaluz (ya que estaba sola) y nosotros nos dispusimos a recorrer el pueblo bajo una intensa lluvia.

Visitamos el Ayuntamiento, la torre del Mercado y la Fuente de la Placeta. A esta fuente, de dos siglos de antigüedad, se le atribuían de forma jocosa propiedades curativas para el riñón. Esta afirmación se basaba en que se decía que los visitantes que bebían de sus aguas orinaban profusamente. Aquella observación tenía parte de razón, pero no precisamente por las propiedades de sus aguas, sino por otro motivo…

Frente a esta fuente existía una fonda a la que llamaban fonda Osoria, y allí se hospedaban los viajeros que por el pueblo pasaban. Era costumbre que éstos, antes de retirarse a sus alcobas, bebieran de las aguas de la fuente. Como los chorritos de agua no paraban ni de noche ni de día, hacía que a los clientes de la fonda, de tanto oírlos, les entraran ganas de orinar y para ello tuvieran que salir de sus habitaciones en busca del urinario, que entonces era común para todos los de la fonda.

Visto el pueblo, nos dispusimos a almorzar. Por seguir con la temática bandolera, fuimos a almorzar a la Posada El Tempranillo.

Cuando llegamos nos sorprendió que la zona para almorzar era bastante pequeña, apenas siete mesas, pero tampoco nos importó. Pedimos croquetas surtidas (de espinacas, gambas y pollo); quizás demasiado blandas para mi gusto, apenas sí se podían coger sin que se deshicieran. Aún así, no estaban mal. Pedimos también para compartir huevos con patatas y secreto al Pedro Ximénez. Esperaba otra cosa… no un montón de patatas mojadas en la salsa del vino con dos huevos fritos encima; para mi gusto, estaba excesivamente dulce por el vino. El último plato fue secreto ibérico. Hemos probado esta carne en tantos sitios que ya diferenciamos muy bien cuándo es de buena calidad, normal o mala; en este caso era muy normalita, demasiado para su precio. De postre pedimos tarta de fresa (que resultó ser un yogur de fresa en forma semicilíndrica) y un semifrío de dulce de leche (que resultó ser un helado de dulce de leche). Aunque la comida no estaba mal, la cuenta fue carísima y la calidad no acompañaba tanto; pagamos caro el querer probar ese sitio. Obviamente, es una opinión personal. El trato de la camarera fue agradable, el lugar tiene mucho encanto por dentro  y el servicio es adecuado, pero el precio algo excesivo.

Seguía lloviendo mucho, pero aún así no queríamos dejar Corcoya sin ver, ya que es un pueblo muy pequeño.

CORCOYA.

Como si el pueblo agradeciera la deferencia por ir a verlo, al llegar no sólo no llovió, sino que incluso salió el sol.

El primer punto a visitar era la Iglesia de Nuestra Señora de la Fuensanta. Me sorprendió muchísimo encontrarla abierta y la verdad es que era muy bonita por dentro, sobre todo un camarín lateral con las imágenes de San Isidro Labrador y Santa Lucía.

Tras la visita a la iglesia dimos un paseo por el pueblo, viendo la iglesia por fuera, un par de fuentes de lo más originales (una de ellas de un niño bebiendo) y visitamos algunas de sus calles.

El último punto a visitar en Corcoya era la Ermita de la Fuensanta, que se encuentra a las afueras del pueblo (coordenadas: 37.279111, -4.684733).

IMG_0005

Así pusimos fin a nuestra ruta bandolera. En todos los centros aprendimos algo y el personal siempre fue muy amable con nosotros.

Para ver más fotos, pinchar aquí.

Para ver el resto de pueblos de la Ruta de «El Tempranillo», pinchar aquí.

Visita realizada el 03/03/2018

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